Posteado por: Diego Arbulú | marzo 14, 2011

Expansión territorial de EEUU – Primera parte

No reconocer que el origen de los Estados Unidos como potencia tiene claras raíces imperialistas es negar una verdad evidente. En 1776, cuando se independizó (aunque la guerra finalizaría en 1783 con el Tratado de París), el país estaba conformado por trece colonias ubicadas básicamente entre la costa atlántica y los Apalaches. Una pequeña fracción del total del territorio que poseen actualmente.

El estallido de la Revolución Francesa marcaría el origen de la expansión territorial estadounidense. De la Bastilla al Terror, luego al Directorio y finalmente, Consulado. Napoleón deseaba crear un imperio colonial en las Antillas, centrándose en Haití, e incluyendo los territorios que poseía en América del Norte (Louisiana, Nueva Orléans). Los haitianos se alzaron en armas por su independencia y los franceses enviaron un ejército comandado por el cuñado de Napoleón, el general LeClerc. Ese ejército sería diezmado por la fiebre amarilla (que acabó también con LeClerc) y los haitianos terminarían proclamando su independencia en enero de 1804.

Es en este contexto cuando el gobierno estadounidense hace una oferta al Cónsul Bonaparte para comprar Louisiana. La joven república temía tener como vecino a los franceses, sobre todo en un momento donde el poder napoleónico parecía no tener rival en Europa. Sabía además que el control de Louisiana serviría eventualmente para avanzar hacia el Pacífico, y comprando esta zona tendría acceso al navegable río Mississippi. Por quince millones de dólares de esa época, compraron un total de dos millones de kilómetros cuadrados (la cuarta parte de la actual superficie de los Estados Unidos). Tal vez el negocio más rentable de la historia, porque así Estados Unidos sentó sus cimientos como potencia. La famosa expedición de Lewis y Clark cartografió y exploró el territorio recién adquirido, sirviendo de avanzada para la consolidación de la soberanía estadounidense en el nuevo territorio.

Unos años después, en 1817, el gobierno estadounidense inició una campaña militar, encabezada por Andrew Jackson, contra los indios Seminoles, que habitaban la Florida, en aquél entonces territorio español, y que saboteaban el comercio estadounidense. Jackson se excedió en sus funciones, ejecutando a comerciantes ingleses que al parecer suministraban de armas a los seminoles, y deponiendo al gobernador español de aquella zona. Estas acciones crearon un incidente internacional con la corona española, cuya situación era de por si complicada porque se enfrentaba a movimientos independentistas en sus colonias americanas. Los españoles pidieron una sanción para Jackson, pero John Quincy Adams, que era Secretario de Estado del presidente James Monroe, aprovechó la oportunidad para solicitarle a la corona española que se ocupe debidamente de su colonia o que, en su defecto, se la ceda a los Estados Unidos. Así, se iniciaron negociaciones en 1819 para concretar la venta de los territorios, no solo de Florida, sino también de Oregón, al noroeste de los actuales Estados Unidos. El Tratado Adams-Onís, ratificado en 1821, selló la compra de estos territorios por un total de cinco millones de dólares. España sabía que esta venta sólo detendría momentáneamente el deseo expansionista de los Estados Unidos, y que este país terminaría, inevitablemente, buscando la anexión de Texas, Colorado y California, tal como ocurrió finalmente años más tarde. La importancia de esta compra radica en que finalmente los Estados Unidos lograron acceder al Pacífico, tras la compra de Oregón. El aún joven país ya poseía costas en ambos océanos.

México también ratificaría el tratado. En aquél entonces se encontraba luchando por su independencia de la corona española, y finalmente el nuevo Estado mexicano terminaría siendo vecino de los cada vez más grandes Estados Unidos. En 1825, el gobierno de Washington hace una oferta de compra por Texas, ofreciendo un millón de dólares, y esta fue rechazada. Para 1827 se hace una nueva oferta, esta vez de cinco millones de dólares. De igual forma, no fue aceptada por el gobierno mexicano.

Sin embargo, debido a lo poco poblado de estos territorios, el gobierno de México promovió la migración de colonos estadounidenses a Texas. Estos recibieron tierras y beneficios para alentar su estancia. Pero la llegada de Santa Anna al poder cambió el escenario. Las relaciones entre los colonos y el gobierno central se tensaron, hasta que en 1836, Texas proclama su independencia. Estalla la guerra entre los texanos y las tropas del gobierno mexicano. La “República de Texas”, tras un inicio poco alentador, vence en la batalla de San Jacinto y obliga a Santa Anna a firmar el Tratado de Velasco, reconociendo la independencia texana en 1837.

Ocho años después, en 1845, Texas se integra a los Estados Unidos. El presidente estadounidense James Polk ofrece además comprar California y Nuevo México. El gobierno mexicano rechaza la oferta y se rompen las relaciones entre ambos países. Las tensiones se incrementan y los Estados Unidos envían tropas a la frontera. La guerra se iniciaría en 1846. ¿El resultado? Estados Unidos ocupó Ciudad de México, conservó Texas, y anexó California y Nuevo México como indemnización por la guerra, que finalizaría formalmente con el Tratado Guadalupe-Hidalgo de 1848. Así, Estados Unidos anexó más de dos millones de kilómetros cuadrados. Así nacieron Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México, parte de Colorado y Oklahoma.

El apoyo que la guerra recibió en los estados del sur contrastó con el rechazo que tuvo en el norte. La economía del sur, basada en la esclavitud y la explotación de la tierra, se veía reforzada por la anexión de nuevos territorios. La guerra México-Estadounidense es considerada por muchos autores como una de las causas de la Guerra Civil estadounidense, que estallaría en 1861.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2011.


Responses

  1. ah mierda larga


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