Posteado por: Diego Arbulú | septiembre 12, 2010

La captura de “Gonzalo”

Hoy, 12 de septiembre de 2010, se cumplen 18 años de la captura de Abimael Guzmán por fuerzas de la DINCOTE (Dirección Nacional Contra el Terrorismo). Para quienes no están familiarizados con la historia, bien sea porque no son peruanos, o por su juventud, poca memoria, “memoria selectiva” o simplemente ignorancia, Abimael Guzmán creó y dirigió al grupo terrorista más sanguinario y destructivo de la historia del Perú: Sendero Luminoso, bajo ideales comunistas y maoístas.

El “Presidente Gonzalo”, como era (y es) llamado por sus camaradas, fue catedrático en la Universidad de Huamanga, en Ayacucho, al sur del país. Enseñaba filosofía y desde su posición como docente empezó a frecuentar grupos de izquierda, visitando incluso la República Popular China durante la “Revolución Cultural”. Su círculo de influencia y adeptos creció paulatinamente, hasta que pasó a la clandestinidad, abandonando su labor de profesor universitario. En este período se da una escisión en el partido comunista peruano (las minúsculas son adrede), encabezando Guzmán una de las facciones, de corte maoísta, que será la semilla de lo que posteriormente se conformará como Sendero Luminoso. Este nombre se origina de una frase de José Carlos Mariátegui, el principal teórico del socialismo peruano y cuyo pensamiento influyó notablemente en los camaradas de Guzmán Reynoso, quien empezó a abogar por la revolución campesina, inspirándose en lo que había visto en China (la revolución de Mao era eminentemente rural). Desarrolló además una serie de tesis y teorías criticando el rol del imperialismo, el capitalismo y la burguesía.

Al comienzo, las actividades de Sendero Luminoso fueron de carácter ideológico y se enfocaron en Ayacucho, especialmente en la Universidad de Huamanga. A finales de los 70 sin embargo asume la lucha armada. En 1980, cuando se recupera la democracia, se inicia formalmente la guerra contra el Estado peruano y la sociedad. El grupo terrorista pasó a controlar vastas extensiones del territorio nacional, buscando socavar al Estado y propiciar su colapso, permitiendo a Sendero Luminoso alcanzar el poder. Atacó sistemáticamente a la policía y la ejército, y a civiles de forma indiscriminada, sin distinción alguna de clase social. Se ensañaron especialmente con campesinos y comunidades rurales, cometiendo asesinatos a mansalva y efectuando “juicios populares” donde los enjuiciados eran ejecutados sin el menor ápice de humanidad. Todo el que no participara a favor del movimiento, todo el que colaborara con las fuerzas armadas y que mostrara oposición al grupo era asesinado, sumando miles de muertos en sus años de lucha. La guerra contra el Estado llegó a Lima, y Guzmán anunció que el grupo pasaba de actuar en un escenario de guerra de guerrillas a una “guerra de movimientos”, prácticamente un conflicto entre fuerzas pares, y que el siguiente paso de Sendero sería buscar el equilibrio en el teatro de operaciones para, finalmente, llevar el peso de la ofensiva y destruir al Estado.

Los crímenes se incrementaron, al igual que los atentados con coches bomba que asolaban la ciudad sin distinción geográfica, atacando blancos dispares, oficiales, militares y civiles. Tomaba ya visos de guerra de exterminio, donde la supervivencia de un bando significaría la extinción del otro. A tal punto llegó la guerra maldita que Sendero llevó a cabo contra la sociedad.

Ya en 1992, la DINCOTE inició una operación de inteligencia en Lima, donde se presumía se ocultaba Guzmán. En Surquillo, en la casa de la bailarina Maritza Garrido Lecca (otra terrorista más, recordemos), suficientes indicios señalaban que era ahí desde donde el “camarada Gonzalo” dirigía sus operaciones. Un día como hoy, 12 de septiembre, cuarenta agentes de DINCOTE protagonizaron un operativo especial, irrumpiendo en la casa de Surquillo y capturando a Guzmán con parte del alto mando de Sendero Luminoso. Archivos obtenidos en la captura precisaban que en 1990 el grupo terrorista contaba entre sus filas con más de 23 mil miembros distribuidos a lo largo del país. Fue enjuiciado, condenado a cadena perpetua (aunque esa basura merece ser fusilada o ahorcada) y encarcelado en la Base Naval del Callao, donde se encuentra actualmente.

Abimael Guzmán es un monstruo y mi niñez en Lima está y estará siempre vinculada a ese nombre, que para mi encerraba toda la podredumbre, miseria y maldad que puede albergar el ser humano. Abimael Guzmán personificaba el odio, la violencia y la intolerancia. Es el responsable directo de miles de muertes, de familias enlutadas, niños huérfanos, de la ruina económica que sufrió mi país por años y de la que poco a poco nos estamos recuperando. Es un terrorista, un sicópata y un maldito hijo de puta que merece, en todo caso, vivir hasta el último de sus días encerrado sin volver a ver la luz del sol. Es un poco triste el ver que la juventud de hoy no sabe quién fue ese bastardo ni la lucha que llevó a cabo contra la sociedad peruana. De Tarata a María Elena Moyano, desde los asesinatos cotidianos de policías, hasta los de alcaldes en las provincias del Perú que fueron teñidas de sangre por el accionar de una organización terrorista. Recuerdo especialmente los atentados de 1992 contra Canal 2 y en la Embajada de Japón, ambos en la av. San Felipe de Jesús María y que remecieron los cimientos de mi casa, ubicada en las inmediaciones de esos lugares.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2010.


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