Posteado por: Diego Arbulú | agosto 20, 2010

El monitor Huáscar y las relaciones con Chile

El 8 de octubre de 1879 finalizó la campaña marítima de la Guerra del Pacífico. Ese día cayó el Huáscar en lucha desigual contra la armada chilena. Nuestro héroe máximo, el Almirante Miguel Grau, pereció en el transcurso del combate. Los chilenos capturaron el barco, repararon los daños que sufrió en Angamos y lo emplearon durante el resto de la guerra. Se suponía que, tras la derrota, el barco debía ser hundido por la tripulación sobreviviente, pero los marineros chilenos detuvieron la apertura de las válvulas.

Una decisión entendible desde el punto de vista chileno. El Huáscar no sólo representaba un barco más para su armada, sino que por sus características era sumamente práctico. Recordemos que en Pacocha, en 1877, el Huáscar se enfrentó a la armada británica del Pacífico Sur, cuyos barcos no pudieron derrotarlo (incluso evadió, convirtiéndose en el primer barco en la historia en hacerlo, un ataque con torpedos autopropulsados). Y ya durante la guerra con Chile el barco le trajo a los sureños innumerables dolores de cabeza, las llamadas “correrías del Huáscar”. Durante seis meses el monitor defendió con gallardía nuestras costas, siempre en inferioridad de condiciones, hasta que sufrió el único final posible en tales circunstancias: Cayó en combate junto con su capitán, convirtiéndose ambos en leyenda.

Esta semana, el Ministro de Defensa de Chile, Jaime Ravinet, tras una visita a nuestro país, propuso la devolución del Huáscar como un gesto de amistad y consolidación de lazos fraternos entre ambos países. El barco, desde hace unos 75 años, se exhibe en el puerto chileno de Talcahuano, que sufrió graves daños como consecuencia del terremoto que afectó a Chile a inicios de año.

En lo personal, entiendo la propuesta como un gesto de acercamiento amistoso por parte del Ministro de Defensa sureño. Pero sin duda, viendo las reacciones que su propuesta ha ocasionado en ciertos sectores políticos de Chile, creo que fueron precipitadas y de carácter personal antes que oficial. En todo caso lo que se rescata de todo esto es la necesidad de generar conciencia y voluntades en ambos países para dejar atrás las heridas de un conflicto que al fin y al cabo finalizó hace 127 años. El Huáscar fue capturado por la armada chilena tras un combate, por los daños sufridos en su superestructura tras el bombardeo que sufrió y la apertura de las válvulas, debió hundirse, era ese su destino. Pero la guerra no conoce sino de pragmatismos, y fue rescatado y vuelto a poner en funcionamiento. Creo que al peruano, o a la gran mayoría de nosotros, no es el Huáscar como objeto lo que verdaderamente tiene valor, sino su papel en nuestra historia y el simbolismo de su lucha heroica y desigual. Los restos del Almirante Grau apenas y pudieron recuperarse tras el impacto que le costó la vida, pero no por ello deja de ser un símbolo e inspiración para nosotros. Creo además que en Chile pasa algo similar con el barco “Esmeralda” de Arturo Prat. Barco y Almirante cayeron en Iquique, convirtiéndose en símbolos de la armada y pueblo chilenos. Estoy seguro que, de poder, los chilenos preferirían exhibir el Esmeralda antes que el Huáscar. El primero tiene mayor valor para ellos que el segundo, así como los estadounidenses exhiben al Missouri o los ingleses al Victory, buque insignia de Nelson.

No es necesario que el Huáscar se convierta en tema de debate. No es necesario mancillar su recuerdo ni su simbolismo en ejercicios de chauvinismo absurdos y retrógrados. No es el barco como objeto lo que vale, pues irremediablemente está destinado a desaparecer. Llegará el día en el que el barco no exista más en lo físico, por corrosión, humedad, o como pasó hace poco con el terremoto chileno, que causó que el barco se desplazara de su ubicación original. Incluso hay quienes proponen que hundirlo, tal y como debió haber ocurrido en 1879, es la solución más salomónica. Pero su valor se conservará mientras este país exista, en la memoria colectiva de su población. Es parte de nuestra esencia, como el ceviche, el pisco o la mazamorra morada. Es un bien intangible. El Huáscar no está en Talcahuano, sino presente en todos los peruanos que conocemos su valor histórico y lo reconocemos como símbolo patrio.

Hay muchos otros gestos que el gobierno de Chile podría tener en ánimos de mejorar las relaciones bilaterales sin necesidad de tocar fibras históricas que generen susceptibilidades. La homologación del gasto militar, que fue el motivo de la visita de su Ministro de Defensa, por ejemplo, generaría más confianza entre estos sectores de ambos países. La realización de ejercicios militares conjuntos, la profundización de las relaciones en el formato de “cuerdas separadas”. El tema de La Haya condiciona las relaciones, es evidente, pero creo que siempre serán más los puntos de unión que tengamos ambos países que las divergencias. Creo además que ambos países tienen cuerpos diplomáticos de primer nivel, preparados para dejar atrás revanchismos, desconfianzas y recelos. Hace 60 años los europeos se enfrentaban en una guerra de exterminio, ahora miran juntos al futuro trabajando en pro del mismo. Tenemos puntos de vista similares en cuanto a comercio, inversión y desarrollo. Tendamos puentes de hermandad, y construyamos un futuro de paz y confianza.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2010.


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