Posteado por: Diego Arbulú | julio 14, 2010

Francia, 1789: Revoluciones y libertades

Hoy, 14 de julio de 2010, se cumplen 221 años de la toma de la Bastilla, acontecimiento símbolo de la Revolución Francesa. Ese día el pueblo parisino salió a las calles para tomar la fortaleza de la Bastilla, utilizada como prisión política y depósito de armas y municiones por la corona francesa. La Bastilla era la representación de la opresión de la nobleza sobre el pueblo, además que para llevar a cabo la Revolución el Tercer Estado (el pueblo y la burguesía, que eran los que pagaban impuestos y sostenían al reino, amén de representar al 97% de la población) necesitaba armas. La cárcel fue tomada y los presos liberados pese a la resistencia de los guardias encargados de su custodia, quienes fueron masacrados por la masa. Al parecer fueron decapitados y sus cabezas puestas en picas para ser usadas a modo de estandarte por los alzados.

La Revolución Francesa es la respuesta burguesa a la crisis económica y política que vivió la Francia de finales del siglo XVIII. El país había perdido sus principales colonias como consecuencia de la Guerra de los Siete Años, a manos de Inglaterra. No habían suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de 25 millones de franceses, ya que las cosechas habían sido afectadas como consecuencia de un terrible invierno. Las arcas del Estado, vacías, debido a los préstamos de guerra y la intervención directa de Francia en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Y el rey Luis XVI era un hombre pusilánime, que no se parecía en nada a sus antecesores, Luis XIV y Luis XV. Estaba casado además con una princesa austríaca, de la familia Habsburgo, enemigos tradicionales e históricos de los franceses. Tenía entonces garantizado el rechazo de la población, y más aún en momentos de crisis.

Cuando se convocó a la Asamblea de Estados Generales (una suerte de parlamento limitado al ser Francia una monarquía absoluta), los tres “Estados” que formaban la sociedad francesa (nobleza, clero y burguesía/pueblo) estuvieron representados en ella. Pero pese a ser mayoría, los representantes del Tercer Estado no contaban con verdadero sentido de representación debido al obsoleto sistema de funcionamiento de la Asamblea. Conscientes del momento histórico que vivían, influidos por las ideas de la Ilustración, la independencia de los Estados Unidos, el liberalismo inglés y su sistema político de monarquía parlamentaria, decidieron dar un paso más allá y separarse de los Estados Generales para formar una Asamblea propia representando al pueblo con la finalidad de crear una Constitución para Francia e implantar ciertos principios, como la abolición de los privilegios feudales. Pero para tener representación necesitaban a un pueblo al cual representar, y ahí entró el pueblo de París en la escena, cumpliendo jornadas históricas como la toma de la Bastilla.

Es tal la importancia y el simbolismo del 14 de julio que es considerado como el Día Nacional de Francia. Pero más allá del simbolismo de la Bastilla lo rescatable de todo esto es el mensaje de la Revolución. Por primera vez en Europa, empleando las ideas emanadas del liberalismo y la Ilustración, los hombres que eran la mayoría en la sociedad decidieron desafiar al sistema político que los oprimía. Fue el triunfo de las ideas y la libertad ante la tiranía y la opresión. Obviamente la Revolución fue un proceso político sangriento. Le costó la vida no sólo a Luis XVI, su esposa María Antonieta y a su hijo, sino incluso a personajes que protagonizaron el movimiento, como Robespierre o Danton. “La Revolución es como Saturno, devora a sus propios hijos”. Miles de personas murieron masacradas, en la guillotina o en las matanzas que los revolucionarios llevaron a cabo en zonas como la Vendeé o Lyon. Otros miles murieron defendiendo las fronteras de Francia en contra de los ejércitos extranjeros de las monarquías absolutistas vecinas, como Austria y Prusia. Y sin embargo, aún en esas circunstancias, ninguna persona se aferró al poder. Quienes osaron hacerlo terminaron bajo el filo de la “cuchilla nacional”. El proceso político más importante de la historia occidental duró 10 años, de 1789 a 1799, cuando Napoleón asume como Cónsul junto a Ducos y Sieyés. En esos 10 años se proclama la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, base de los actuales derechos humanos. Francia es gobernada por la Asamblea Nacional y el rey, basados en la Constitución. Tras la muerte del rey llega el Terror, Robespierre y el Comité de Salvación Pública. Y a la muerte de este, el Directorio, junto con el Consejo de los Quinientos, asume el gobierno de la nueva República (de 1795 a 1799).

Diez años de Revolución bastaron para erradicar un sistema político que existía desde hacía alrededor de un milenio en el país. En diez años la burguesía logró sentar las bases del moderno estado francés. En diez años, sin petróleo, con guerras en las fronteras, y pese a la oposición incluso violenta de zonas enteras de la República, la burguesía se impuso con el apoyo del pueblo. Se impuso por la aplicación de ideas que realmente equilibraban a la sociedad. Por la aplicación de la meritocracia, que permitió el verdadero ascenso social de hombres como el propio Napoleón. Y digo esto porque sigue habiendo un payaso en pleno siglo XXI que gobierna una isla con menos habitantes que los de la Francia del siglo XVIII y que continúa con un supuesto proceso revolucionario desde hace más de 50 años. Medio siglo tiene llevando a cabo una revolución. Para mí es inconcebible que una revolución se postergue por 50 años y un poco más una vez que el gobierno dizque revolucionario está ya en el poder. Al igual que Robespierre, Fidel también tiene las manos ensangrentadas con la sangre de rivales y opositores políticos. Y sigue ahí, desafiando a la modernidad y a los derechos humanos, burlándose de las libertades de sus conciudadanos, prolongándose en el tiempo como una pesadilla perpetua que esperemos acabe con su último estetor.

Veamos entonces a la Revolución Francesa como el triunfo de su sociedad en pleno contra los sectores minúsculos que ciertamente la oprimían. Pero si un ejemplo nos ha dejado ese proceso histórico es el de la inclusión. Quienes buscaron la división social, las acusaciones y el radicalismo, terminaron en el cadalso. Como Robespierre o Marat (que no fue guillotinado sino asesinado en su baño). Invito a todos aquellos que se autodenominan “revolucionarios” ahora, en pleno siglo XXI, bien sea por convicción o por interés económico (“bozal de arepa”) que lean un poco sobre Revolución Francesa. Que entiendan el papel del liberalismo y sus principios en el triunfo revolucionario. Que entiendan que las verdaderas revoluciones liberan, no oprimen. Que fomenten la meritocracia, que al fin y al cabo fue el logro más importante del proceso francés si nos atenemos a lo que ocurriría posteriormente, de 1799 a 1815 y luego, durante todo el siglo XXI, el siglo de oro de Francia. Lean señores, es una esperanza vana, pero esperanza a fin y al cabo. Et joyeux journée, France.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2010.


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