Posteado por: Diego Arbulú | junio 14, 2010

Totalitarismos en América Latina parte II: Venezuela y apuntes sobre democracia

Sigo con la segunda parte del post que empecé a escribir ayer. La primera entrega pueden verla en el siguiente link: https://diegoarbulu.wordpress.com/2010/06/13/totalitarismos-en-america-latina-parte-i-cuba-argentina-chile-y-peru/

Continuemos analizando a la región. Veamos ahora el caso de Venezuela. ¿Es democrático su gobierno? Opino que no lo es. Chávez se ha empeñado de forma sistemática en profanar la autonomía de los poderes públicos que forman junto al Ejecutivo la base del sistema de gobierno de Venezuela. El poder Judicial, el Legislativo, el Ciudadano y el Electoral están supeditados a la voluntad del Presidente. ¿Seremos tan ingenuos de sostener que es demócrata por las elecciones que ha ganado o porque no hayan desaparecidos? No habrán desaparecidos, pero hay acoso por parte de las autoridades a quienes piensan de forma distinta o se atreven a alzar la voz para manifestar opiniones disidentes a la línea marcada por el gobierno. El que opina distinto es traidor, es escuálido, es fascista, es “de la Cuarta” (en referencia al período de la historia de Venezuela que abarca de 1958 a 1999). No hay sentido alguno de autocrítica por parte del oficialismo, todo lo que sea dentro del chavismo es bueno, lo que esté por fuera es malo, es pitiyanqui, es imperialismo. No hay matices, sólo blanco y negro. El panorama político se resume con el credo de los totalitarios: “Todo en el Estado, todo para el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Cambien la palabra “Estado” por “Chávez” y será exactamente el mismo escenario. Hay una voluntad manifiesta de querer controlar, censar a la opinión de aquellos que piensan distinto.

Una de las cosas más preocupantes es el hecho de querer intervenir en asuntos que uno presume son propios de las libertades personales. Se pretende regular sobre temas individuales, atentando contra la voluntad de cada persona para decidir por si misma. El gobierno no debe decir qué canal puedes o no ver, qué juego puedes comprar, ni tiene por qué atacar a una empresa por el hecho de que la cerveza sea uno de los productos que elabore. El mercado y la economía regulan estas situaciones. Me explico. Si el supermercado A vende el kilo de arroz a diez dólares y el supermercado B lo vende a dos dólares, es mi problema, como consumidor, decidir si hago mis compras en A o en B. Si me da la gana de pagar cinco veces más por un producto que se encuentra en otra tienda más barato, será mi bolsillo el que asuma las consecuencias, pero tengo derecho a poder elegir. El gobierno no tiene por qué intervenir cerrando al supermercado A por sus elevados precios, la economía y el mercado se encargarán de regular la situación, y cuando A no venda nada se verá obligado a bajar sus precios para poder competir. El problema es que la política del gobierno en materia alimentaria ha sido tan desastrosa que ahora sólo le queda intervenir para poder mantener el suministro de alimento a la población. Ahora te confisco, ahora te expropio, ahora hago allanamientos y te señalo como especulador. El problema no son los precios que pongan, sino que el control de cambio que hay en el país se ha convertido en una política tan absurda que entorpece la producción incluso de alimentos.

¿Negaremos acaso esa realidad haciendo gala de nuestra sumisión latina, bajando la cabeza y aceptando un sistema político mediocre? Sólo en nuestras manos está el mejorar y seguir perfeccionándolo. ¿Continuaremos con la herencia de nuestros ancestros españoles, que clamaron “¡Vivan las cadenas!” cuando el absolutismo volvió a España tras la derrota de los liberales durante el reinado de Fernando VII?

Se ha desarrollado la mala costumbre, ya arraigada por décadas, de hacer responsables de nuestros males a otros: a españoles, a judíos, a ingleses, a estadounidenses. Y si bien es cierto que llevan buena parte de la culpa, siempre falta la autocrítica sobre lo débil que son nuestras instituciones y nuestro sentido de democracia. Siempre esperando a un mesías que resuelva nuestros problemas de forma milagrosa, o al hombre fuerte que tome las riendas y aplique mano dura. ¿De verdad somos políticamente tan infantiles que esa es nuestra única opción? ¿O nos hace falta una dosis de amor propio, abrir los ojos y entender de una vez lo que es la democracia? ¿Es que no hay gente capaz de tomar las riendas empleando la razón, que tenemos que recurrir y abrazar nuestras esperanzas ante el primer gorila que se nos presente?

Veamos la Constitución de los Estados Unidos, un texto sencillo elaborado hace más de doscientos años por gente que vestía medias largas, pantalones cortos, zapatos con taquitos y hebillas y montaban a caballo en una sociedad eminentemente rural, pero con tal noción de democracia que sus ideas aún hoy rigen a la mayor potencia del mundo. Necesitamos más consciencia y menos complacencia con quienes secuestran nuestras libertades y derechos tras haberles confiado ingenuamente la suerte de nuestros países.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2010.


Responses

  1. Muy buen análisis


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: