Posteado por: Diego Arbulú | junio 11, 2010

¿Fascista? ¡El/la fascista eres tu!

Todavía recuerdo con cierta gracia todas las veces que los estudiantes simpatizantes del chavismo en la universidad donde estudié llamaban “fascistas” a aquellos que nos oponíamos tanto a la politización de los espacios estudiantiles por parte de un ente que debía mostrar total imparcialidad como el Centro de Estudiantes como a las políticas en general que el gobierno de Venezuela aplicaba día a día en una cadena de decisiones que avergonzarían a cualquiera que se honre de llamarse demócrata y que más bien parecían una competencia, un rally de bananerismo avanzado. Y lo más gracioso es que los estudiantes calificados como fascistas éramos la mayoría. Esta situación llegó a su punto más álgido tras la decisión del “Camarada Presidente” de no renovar la concesión de transmisión en señal abierta de Radio Caracas Televisión (RCTV) hace ya más de 3 años (se cumplió un aniversario más a finales del pasado mes de mayo). Ahí se demostró la polarización de la escuela, una polarización poco equilibrada en verdad, como se comprobó unos meses después cuando se hicieron las elecciones para el centro de estudiantes y los simpatizantes oficialistas perdieron de forma sonrojante, claro, tras haber cometido errores como ir al canal de televisión del Estado a despotricar contra la mayoría de sus compañeros y llamarlos fascistas sin mostrar pudor alguno por el uso de ese término. Fueron al programa que en ese momento tenía justamente un profesor (o ex profesor) de la escuela, con el que lamentablemente me tocó ver clases y cuya metodología pedagógica consistía básicamente en hacernos leer las guías que mandaba fotocopiar en voz alta por turnos, que tuvo como brillante idea final (lo único destacable del curso) mandarnos a hacer exposiciones sobre países que conforman la Unión Europea y que en ocasiones hacía entrar al salón al gamberro encargado de ser su guardaespaldas/asistente, lo que siempre ponía nerviosas a mis compañeras por las miradas de enfermo que solía lanzar aquél individuo, al que además presumíamos armado. Pero esa es otra historia.

En este caso me enfocaré en el término empleado con tanta libertad y sin mayores consideraciones históricas por algunos de mis ex compañeros: el término “fascista”. Para empezar, el insultar, o el pretender hacerlo, a quienes piensan distinto a nosotros, a quienes difieren de nuestros puntos de vista, es ya de por si una actitud fascista. Lo es aún más si dispones de medios de comunicación afines que te hacen el juego y que te dan espacios para que busques ofender a tus pares, y no cualquier medio, sino uno propiedad, no del gobierno, ojo, sino del Estado venezolano, pagado con los impuestos (y la renta petrolera) de todos. ¿Qué puede ser más fascista y totalitario que ir a atacar a disidentes de pensamiento en un canal del Estado y en el programa de un profesor que, en lugar de asumir una posición ética y mantenerse neutral, azuzaba las diferencias entre sus propios estudiantes sólo porque una facción de ellos simpatizaba con sus propios ideales políticos?

Porque al fin y al cabo, ¿qué es el fascismo? Como movimiento político, está orientado a la lucha contra el imperialismo mediante la revolución fascista. Gira en torno a un único partido político (¿les suena PSUV?). Busca eliminar la democracia (y la democracia como condición básica se sostiene en la división de poderes, y yo pregunto, ¿el gobierno de Chávez mantiene la división de los poderes públicos?). Busca el pleno empleo (en Venezuela el gobierno es el principal empleador al haber concentrado tantos factores de producción en sus manos con las expropiaciones y con políticas económicas que avergonzarían a un niño de 8 años, que han provocado el colapso de la inversión privada) y otro de sus elementos es la militarización de la sociedad (Círculos Bolivarianos, ahora los Reservistas). Se caracteriza también por la resta de libertades a cambio de beneficios demagógicos (“bozal de arepa” le llaman a eso). Contar con un Estado totalitario, pero “benévolo”.

Quienes nos oponíamos en aquél momento a la posición del gobierno bolibanano con respecto a Canal 2, estábamos mucho más cerca del liberalismo (en este caso social) que del fascismo, proveniente en este caso, para variar, del gobierno y sus simpatizantes. Nosotros defendíamos la libertad de expresión, la pluralidad de opiniones, el derecho de poder expresar una postura diferente. Yo no fui a ningún canal a insultar a nadie, ni esperé que un profesor pelele y mediocre me invitara a su show para usar el canal del Estado como palestra para atacar a mis compañeros. A diferencia del fascismo, no nos guiábamos por las directrices de un “caudillo”. El caudillismo viene del otro lado, de un movimiento político que, como en el fascismo, gira en torno de un líder cuya palabra es la ley y cuyas decisiones y opiniones no son discutibles, sino que terminan dogmatizándose. Ante el Duce de Sabaneta sólo les queda bajar la cabeza, ¿qué puede ser más fascista que eso? El propio Mussolini lo dijo, “el estado fascista – síntesis y unidad que incluye todos los valores – interpreta, desarrolla y potencia toda la vida de un pueblo.” ¿Les suena CESNA?

En fin, este es un tema que se presta a un mayor debate y discusión, pero creo que es un buen comienzo definir posturas y aclarar adjetivos, más cuando se pretenden emplear de forma peyorativa. ¿Quieres señalar mi posición política según lo que pienso y cómo actúo? llámame liberal entonces. Pero que no te quepa duda, acá el/la fascista, eres tú.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2010.


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