Posteado por: Diego Arbulú | febrero 24, 2010

La participación peruana en Haití: Cascos azules y operaciones de rescate

El terremoto que devastó a Haití hace poco más de un mes ya es considerado como la peor tragedia sufrida en nuestro hemisferio. De un total de más de nueve millones de habitantes, alrededor de 200 mil personas perdieron la vida y uno de cada tres haitianos han perdido sus hogares. A este desolador escenario debemos añadirle la particularidad de que Haití es el país más pobre del continente, lo que sin duda es un terrible agravante y una consecuencia del nefasto gobierno de los Duvallier. La pobreza en la isla ha originado que la fuerza del sismo se multiplique originando un cataclismo social y económico sin precedentes.

La destrucción del Palacio Presidencial es un hecho simbólico. El Estado haitiano colapsó como la estructura de ese edificio a consecuencia del terremoto. Hospitales, servicios como el cuerpo de bomberos, las fuerzas del orden, todas aquellas instituciones llamadas a asumir el protagonismo en estas circunstancias, fallaron en su propósito. Sin embargo la ayuda internacional no tardó en hacerse presente. En el país caribeño hay una fuerza de Cascos Azules de las Naciones Unidas liderada por Brasil (Misión MINUSTAH). Esta fuerza de la ONU está compuesta por soldados de varios países, especialmente latinoamericanos, y su propósito no era otro que el mantenimiento de la paz en Haití ante la inestabilidad política presente desde el 2004 con la caída de Aristide. Los Cascos Azules asistían al gobierno en materia de seguridad, colaborando a garantizarla de forma permanente.

Pero la fuerza de paz de la ONU se vio también afectada tras el terremoto, con la muerte de varios de sus miembros, incluso su jefe, el tunecino Hedi Annabi. El Perú participa en este esfuerzo mediante el Batallón Perú, un cuerpo militar integrado por efectivos de las tres ramas de nuestras Fuerzas Armadas. El desastre del 12 de enero multiplicó las asignaciones de los Cascos Azules. La destrucción, el saqueo, la muerte y el dolor asolaron a aquél país y los soldados debieron redoblar esfuerzos en medio del pesar por la pérdida de varios de sus miembros.

La ayuda proveniente del exterior no pudo ser distribuida de forma adecuada en un principio debido al colapso de la infraestructura haitiana: aeropuertos, puertos y carreteras no se hallaban en condiciones de prestar un servicio adecuado para la canalización de la ayuda. República Dominicana se transformó en un centro de acopio y distribución, pero la destrucción era de tal magnitud que toda ayuda, toda voluntad, todo esfuerzo, se hacían insuficientes.

El Perú respondió a su deber como país solidario, sabiendo de primera mano la magnitud de los daños que puede ocasionar un terremoto. Perú, un país sísmico, ha sufrido en carne propia las secuelas de los fenómenos telúricos, siendo siempre asistidos por la comunidad internacional. Todo esto se puso de manifiesto tras el terremoto del 15 de agosto de 2007 cuando el país fue receptor de ayuda económica y material para los damnificados y las zonas afectadas. Este era el momento para que el Perú retribuya la ayuda recibida y mostrara su solidaridad con los menos favorecidos.

Miembros del Batallón Perú en Haití, misión MINUSTAH

Recordemos además la deuda histórica de la América del Sur con Haití. Asimilando el ideario revolucionario francés, inició el camino de la libertad latinoamericana en 1804. Años después, cuando los españoles parecían llevar la ventaja en el desarrollo de las guerras de independencia hispanoamericana, el presidente haitiano Alexandre Petión subsidió una nueva expedición libertadora de Simón Bolívar en 1817, que terminaría siendo fundamental para la consolidación posterior de la independencia de la Gran Colombia, convirtiéndose además en un antecedente para nuestra propia independencia. Ahora, en el año del Bicentenario de la independencia de muchos países de la región, sufre una calamidad de magnitud devastadora.

Así, el Perú, además de mantener el cuerpo de paz en el marco de las operaciones de los Cascos Azules en Haití, envió donativos públicos y de particulares para mitigar el dolor del pueblo haitiano. Se dispuso además el traslado de una brigada de rescate, expertos en el auxilio de víctimas de estas situaciones. Este hecho, de forma puntual, arrojó resultados satisfactorios, pues los rescatistas peruanos lograron sacar con vida de entre los escombros a personas que llevaban días atrapados entre ellos. La difusión de aquellas imágenes son la prueba de la eficacia de la ayuda prestada y un aliciente simbólico que demuestra con hechos la solidaridad entre los países de nuestra región.

Por otra parte, en el marco de UNASUR, los Jefes de Estado de los países que conforman esta organización acordaron la creación de un fondo especial para la reconstrucción de Haití, y se ha indicado que el Perú contribuirá al mismo con diez millones de dólares. Reconstruir el país caribeño se antoja un proceso largo y complicado, pero servirá para medir la eficacia y voluntad de nuestros organismos de integración y fomentar la unión latinoamericana más allá de diferencias políticas e ideológicas.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2010.


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