Posteado por: Diego Arbulú | noviembre 9, 2009

Muro de Berlín (1989-2009)

Hace ya 20 años que cayó el muro que dividía a Berlín en dos sectores, y al mundo en dos bloques. Su caída simbolizó el colapso de un sistema político y económico empeñado en asfixiar a millones de personas controlando sus vidas como si de presos se trataran. Un sistema que causó más muertes que el nazismo, que cometió los más horrendos crímenes desde 1917 bañando de sangre la historia del siglo pasado.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los aliados acordaron, durante la conferencia de Postdam (Alemania), en 1945, dividir Berlín de forma similar al país, es decir, en cuatro zonas de ocupación, la mitad occidental de la ciudad pasaba a control de las potencias occidentales (EE.UU., Gran Bretaña y Francia) y la zona oriental bajo el control de la URSS. Esta división, ya no solo del territorio alemán, sino también de la ciudad de Berlín, creo una situación de “un país, dos sistemas”, porque a pesar de que el pueblo alemán se consideraba a si mismo como uno solo, unido por vínculos como el idioma, las costumbres o la historia, pues ahora se debatían entre dos sistemas, no solo a nivel político (democracia o autocracia socialista) sino también a nivel económico (entre capitalismo y comunismo).

Los líderes de la Unión Soviética, encabezados por Stalin, esperaban que las malas condiciones de vida, el hambre y la pobreza originadas tras la Segunda Guerra Mundial en Alemania provocaran descontento entre la población, pensando que eso facilitaría la propagación del comunismo por todo el territorio alemán, incluido el lado bajo control de Occidente, como ya venía ocurriendo en otros estados de la Europa Oriental. Pero en 1948, el presidente de los EE.UU., Harry Truman, inicia el llamado “Plan Marshall”, para facilitar asistencia financiera y técnica a los países europeos asolados por la guerra. De más está decir que la adhesión al Plan Marshall equivalía a una alianza tácita con Estados Unidos, una especie de “protectorado económico”. Esta noticia enervó los ánimos en Moscú, y entonces el gobierno militar de Alemania Oriental declaró que iba a controlar los transportes que se dirigían en dirección a Berlín desde las zonas controladas por las potencias occidentales. Los oficiales de EE. UU. no deseaban aceptar esta decisión porque se había acordado previamente un libre tráfico entre Alemania Occidental y Berlín Occidental.

En el verano de 1948, las tropas soviéticas empezaron a bloquear todas las conexiones terrestres y fluviales de Berlín. Ya se empezaban a levantar ampollas entre los dos sistemas políticos y económicos que se veían obligados a convivir en Alemania. Obviamente, con este bloqueo, el pueblo de Berlín Occidental no iba a poder resistir mucho tiempo, sin alimentos, medicinas, combustible y otros bienes de primera necesidad. La idea era obligarlos a rendirse, aceptando formar parte de manera definitiva de la Alemania Oriental. Los soviéticos no iban a encontrar resistencia militar significativa, ya que las tropas que Occidente tenía destacadas en la región no se podían comparar con los millares de soldados soviéticos que ocupaban Alemania Oriental.

Al comienzo, las potencias occidentales pensaron en enviar convoyes armados hacia Berlín Occidental, pero eso seguro hubiera provocado incidentes y hasta pudiera desatar un nuevo conflicto armado en Europa. En vez de ello, EE. UU. decidió abastecer la ciudad por avión. El “Puente Aéreo” de Berlín se inició el 25 de junio de 1948. Era un plan arriesgado, porque suministrar 4 mil toneladas al día, que era lo que requería la ciudad para mantenerse, se suponía imposible. Pero poco a poco los aliados occidentales se fueron integrando al proyecto, se construyeron nuevos aeropuertos, y unos meses después, Berlín recibía 900 vuelos diarios con provisiones, por un total de 9 mil toneladas diarias de bienes. La Unión Soviética se vio imposibilitada de intervenir, y al ver que el bloqueo no daba los resultados que ellos esperaban, decidieron levantarlo en mayo de 1949.

Ese mismo año se constituye la República Democrática Alemana en el lado oriental del país, inspirándose en el modelo soviético y buscando el mejoramiento del nivel de vida de la población, pero las aspiraciones sociales del pueblo alemán y el hecho de que Berlín era un punto de conflicto en el escenario de la Guerra Fría, provocaron una serie de motines y disturbios aplacados con posterioridad por las tropas soviéticas. Esto no puso fin a los problemas que empezaron a desarrollarse entre Moscú y las potencias de Occidente sobre temas tan diversos como la salida de alemanes orientales al sector occidental o la declaración de Berlín como “ciudad libre”. Y es que al paso de los años ya se notaban las diferencias entre los dos sistemas, que se hacían particularmente notables en Berlín, de un lado un sistema capitalista y del otro el comunista, y cada vez más berlineses tomaban la decisión de pasar al lado occidental, próspero, bajo un sistema democrático, abandonando el lado oriental, bajo la égida del socialismo y con una economía estatal. Esto trajo como consecuencia la pérdida, cada vez más dramática, de mano de obra calificada en el lado oriental, y esto, unido a los eventos anteriores, causaron que en 1961, el sector soviético levantara el muro de Berlín.

Al comienzo se trataba solo de alambre de púas, pero posteriormente fue sustituido por un muro. Esto dividió la ciudad físicamente. El gobierno de la República Democrática Alemana declaró que se trataba de un muro de protección antifascista, para evitar las posibles agresiones occidentales, ocultando el hecho de que estaba siendo construido para evitar que la inmigración continuara, no solo hacia Berlín occidental, sino a la República Federal de Alemania. El muro tenía una longitud de 155 kilómetros, y su construcción inicial fue perfeccionada con el paso de los años. En 1975 se inició la construcción de llamado “muro de cuarta generación”, con una altura de 3.6 metros y 45 mil secciones independientes de hormigón armado. Además, la “frontera” estaba protegida por una valla de tela metálica, alarmas, trincheras para evitar el paso de vehículos, torres de vigilancia, alambre de púas y una red de búnkers. Se crearon puntos de pase y control en ambos sectores de la ciudad, para los orientales en Friedrichstrasse y para los occidentales en Helmstedt y Dreilinden. A estos puntos de cruce se les bautizó con nombres fonéticos: Charlie, Alfa y Bravo.

Durante la existencia del muro, de 1961 a 1989 (28 años), se contabilizaron alrededor de 5 mil fugas a Berlín occidental. 192 personas murieron tratando de cruzar el muro, siendo el intento fallido más destacado el de Peter Fechter, quien fue herido de bala y dejado a morir desangrado a la vista de los medios occidentales el 17 de agosto de 1962. Mucha gente, en un corto periodo, tuvo que separarse de su familia (que podía vivir simplemente en el otro lado de la ciudad), muchos trabajadores se quedaron sin empleo por la construcción del muro, y sobre todo fueron instaurados sistemas sociales que separaron no sólo a los ciudadanos alemanes en su misma ciudad, sino también en creencias y en formas de vida.

Cuando el sistema soviético se debilitó durante el gobierno de Gorbachov, y luego de la instauración de la “Perestroika” y la “Glasnost”, finalmente el muro caería. Al gobierno de la República Democrática Alemana no le quedó más remedio que declarar la apertura de todos los puestos fronterizos con Alemania Occidental y la entrega inmediata de visas a quienes quisieran viajar, afirmando que a partir de ese momento las barreras (el muro) quedaban abolidas. En los días siguientes, cerca de dos millones de alemanes cruzaron el muro para pasar el fin de semana al otro lado, regresando en su mayoría a sus casas. Alemanes de ambos lados confraternizaron por encima del muro, arrancando pedazos de este con picos y haciendo nuevas aberturas para facilitar el paso, destrozando al muro a pedazos, en una celebración que incluso hoy en día a la distancia emociona cuando es vista en imágenes de la época. En poco tiempo la mayor parte del muro fue derribada y algunas de sus partes se conservan en pie solo como recuerdo.

Con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la unificación alemana, y las nuevas políticas implantadas desde el Kremlin, las ya conocidas Perestroika y Glasnost, los países de la Europa Oriental que estaban bajo el yugo de la administración soviética desde su liberación por las tropas del ejército rojo en 1945, vieron que este era el momento adecuado para zafarse de la influencia de Moscú. Estos países habían experimentado crisis económicas en los años ‘70 y ’80, y muchos habían intentado desde ese entonces aproximarse a Occidente, como Hungría y Polonia. Los polacos realizan elecciones en 1989, con la llegada de “Solidaridad” al poder y el inicio de nuevas políticas como la de privatización empresarial. En Hungría, ese mismo año, se establece el pluripartidismo y se llega a un acuerdo para convocar a elecciones libres, cambiando incluso el nombre del país (dejó de llamarse República Popular de Hungría). En Rumania, que estaba bajo el mando del dictador Nicolae Ceaucescu, se inician violentas manifestaciones en 1989 con el apoyo del ejército, y el dictador es fusilado tras un juicio sumario acusado de genocidio y corrupción. Se decreta el pluripartidismo y se extingue la policía política, convocando elecciones para 1990.

En Bulgaria los cambios se introducen de forma lenta, permitiendo primero la constitución de empresas privadas y la introducción de mecanismos de libre mercado. Estos cambios provocan el aumento de la presión popular buscando las reformas políticas. Se instaura la libertad de partidos y en 1989 el Partido Comunista pasa a llamarse Socialista, iniciándose la transición hacia la democracia en el país. Mientras tanto, la Unión Soviética se desintegra. En 1991 Boris Yeltsin asume el poder y prohíbe el funcionamiento del Partido Comunista en Rusia. Las repúblicas que integran a la Unión van proclamando su independencia sucesivamente: Lituania, Estonia, Letonia, Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Moldavia, Azerbaiyán, Kirguiztán, Uzbekistán, Tayikistán, y Armenia. El 9 de diciembre de 1991 se da por terminada, finalmente, la existencia de la URSS.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2009.


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