Posteado por: Diego Arbulú | octubre 5, 2009

Visión integradora de Fernando Belaúnde Terry

Quise participar en el concurso de ensayos sobre la vida de Fernando Belaúnde Terry que organiza la USIL, pero el tiempo me ganó por motivos laborales y al final mi ensayo no pudo estar listo para la fecha pautada, que era el 30 de septiembre. Las reglas del concurso establecían que el ensayo debía tener entre 4 mil a 6 mil palabras, y el texto que escribí tiene exactamente 2080 palabras, aunque nada mal considerando que trabajo y que el texto en cuestión fue escrito en una sola tarde. Además, me enteré del concurso cuando ya sólo faltaban 3 semanas para el plazo de envío de los ensayos, así que tuve todos los elementos en contra y finalmente no pude participar. Sin embargo he decidido no desperdiciar ese trabajo y colocarlo acá en el blog, dividido en dos partes por lo extenso del mismo.

En la actualidad, nuestra región se encuentra polarizada por el enfrentamiento y las divergencias entre ideologías que moldean las políticas de los gobiernos sudamericanos y que difieren en cuanto al establecimiento de un modelo político y económico a nivel regional.

Sudamérica puede claramente dividirse en subregiones: la andina, la amazónica y la cuenca del Río de la Plata. En total, los sudamericanos sumamos alrededor de 370 millones de habitantes, imposibilitados de gozar de los beneficios de un verdadero sistema de integración debido a rencillas históricas, desconfianzas mutuas, y a las ya mencionadas ideologías que minan la confianza de los gobiernos en aras de la consolidación de un régimen integracionista.

El contexto sudamericano se hace aún más complicado al realizar un sencillo análisis de la situación actual: Perú y Chile mantienen una disputa en La Haya, en la Corte Internacional de Justicia. Esta disputa, en teoría, debería mantenerse en ese contexto y ser tema exclusivo de las cancillerías de ambos países, pero como era de esperarse está condicionando la relación entre los dos vecinos. Chile la percibe como un acto de hostilidad y constantemente surge la polémica, los roces y malentendidos que afectan la relación bilateral. Ambos países sin embargo tienen intereses comunes, que van desde la firma de Acuerdos de Integración Comercial con las potencias mundiales y bloques de integración como la Unión Europea, hasta la consolidación del Pacífico sur como un centro atractivo al desarrollo del comercio y el tráfico marítimo a nivel global, pero el problema territorial que se discute en La Haya dificulta la integración y la construcción de una relación armoniosa.

El Perú y Bolivia también tienen problemas respecto a su relación bilateral. Evo Morales, el presidente boliviano, ha dirigido una serie de ataques verbales de forma constante y desafortunada contra nuestro país y gobierno, empleando la llamada “diplomacia del micrófono”, una práctica poco gentil y cargada de recelo hacia nuestro país. El tono de las mismas ha alcanzado incluso el terreno de lo absurdo, discutiendo por temas banales como el origen de la diablada, que es patrimonio de todos los habitantes del Altiplano. Además, la cercanía del actual gobierno boliviano con La Moneda genera desconfianza en el Perú, ante la posibilidad que esté negociando un tratado con Chile para acceder al Pacífico (lo que perdió precisamente a manos de Chile como una de las consecuencias de la Guerra del Salitre). El hecho de declarar, además, que nuestra demanda en La Haya perjudica su pretensión de volver a contar con costa oceánica, y que acudimos a la Corte Internacional de La Haya sólo para perjudicar a Bolivia, tampoco colabora a la mejora de las relaciones.

Más al norte tenemos un escenario aún más complicado y conflictivo. Ecuador, Venezuela y Colombia protagonizan una situación de tensión permanente que incluso ha sido materia de discusión en organismos de integración regional como la pasada Cumbre de Unasur en Bariloche. Se ha mencionado incluso la posibilidad del estallido de un conflicto armado, un planteamiento por demás descabellado, pero que sin embargo es la excusa perfecta para la proliferación de la carrera armamentista en la región. Además, a este escenario hay que añadirle el verbo incendiario del presidente venezolano Hugo Chávez y su discurso contra el imperialismo estadounidense por un lado, y el deseo colombiano de contar con bases del ejército de los Estados Unidos en su territorio para combatir contra dos grandes flagelos: el narcotráfico y la guerrilla que opera en el país. Además, Estados Unidos también tiene interés de establecer una base en Colombia, para reemplazar la que actualmente tiene y opera en Manta (Ecuador), y que desocupará el próximo año.

Precisamente Chávez, ante esta posibilidad, es uno de los grandes responsables de la carrera armamentista regional y del fracaso de los intentos por consolidar las bases de una integración sudamericana eficaz. Retiró a Venezuela de la Comunidad Andina en el 2007, le compra armamento de forma desmedida a Rusia amparándose en las ganancias por el incremento del petróleo, especialmente durante el 2008, y con sus formas amenazantes perjudica al equilibrio regional al inmiscuirse abiertamente en la política interna de otros países. Las diferencias entre Ecuador y Colombia se originan por el tema de las FARC, pero con la evidencia de un trasfondo ideológico antagónico evidente al tratarse de dos gobiernos con políticas opuestas en varios temas que son en ocasiones de gran interés para el desarrollo de una sana relación bilateral.

Y tenemos el caso brasilero. Brasil es ya un gigante que está llamado a marcar la pauta de las políticas de integración en Sudamérica. Se ha erigido en una suerte de árbitro regional debido a elementos como el tamaño de su población, su PIB, su dimensión y riqueza geográficas, lo amplio de su industria y economía y el tamaño de su ejército, repotenciado ahora con las recientes compras que ha hecho a Francia. Busca además el desarrollo de la energía nuclear y es un fervoroso defensor del uso del etanol como reemplazante del combustible fósil, al contar con inmensas llanuras de clima tropical para la siembra de caña, materia prima para generar dicho combustible. Y el descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo en su costa atlántica sitúa al país como un gran productor de energía a nivel mundial. Se habla incluso en el contexto global actual que Brasil debería formar parte del Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente, junto a países como la India o Sudáfrica.

En definitiva, pese al paso de los años, los problemas para la consolidación de un sistema eficaz de integración en Sudamérica siguen aún vigentes. Las comunicaciones acortan las distancias entre los países, pero las ideologías incrementan las diferencias entre los gobiernos y perjudican la armonía entre los pueblos. Europa se fue a la más terrible de las guerras durante seis años y en la actualidad su sistema de integración es una realidad pese a las diferencias históricas, territoriales, culturales o lingüísticas. En nuestro contexto regional actual es válido entonces rescatar la figura de Fernando Belaúnde Terry como estadista de la integración sudamericana.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2009.


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