Posteado por: Diego Arbulú | abril 19, 2009

Rebelión en la Granja

He aprovechado este fin de semana para leer, y uno de los libros que me llamaba la atención desde hacía ya tiempo era “Rebelión en la Granja” de Orwell. Fue publicado como una crítica hacia la Revolución Rusa y los vicios que había ido adquiriendo. Causó controversia su publicación en plena Segunda Guerra Mundial, ya que tanto al gobierno como a los medios británicos les preocupaba no sacar a la luz nada que pudiera ofender a los soviéticos en ese momento. Y es que hay que tomar en cuenta que soviéticos y británicos eran aliados en la lucha contra el nazismo, pero más allá de eso las relaciones entre ambos gobiernos no eran idóneas ya que cada uno representaba una serie distinta, antagónica incluso, de valores, creencias y sistemas.

El libro nos narra la historia de una granja donde los cerdos se rebelan en contra de sus amos humanos, liderando a todos los demás animales de la granja en una revolución que tenía como objetivo erradicar a los “seres de dos patas” (humanos) y reemplazar la administración del amo por un régimen animal, carente de vicios, donde todos gozarían de iguales derechos y la carga de trabajo estaría repartida de forma equitativa y cada animal disfrutaría plenamente del fruto de su trabajo. Esta idea es planteada al comienzo del libro por un cerdo viejo llamado Major, que representa a Marx (aunque hay un momento en el que honran sus restos, tal y como hicieron con la momia de Lenin que estaba en el Kremlin). El cerdo lanza la idea, pero muere al poco tiempo. Corresponde a sus sucesores llevar a cabo la revolución. Ahí entran en escena los cerdos Napoleón (que es Stalin, lleno de astucia y crueldad) y Snowball (que representa a Trotsky). Estos cerdos dirigen la revuelta en contra de los humanos, quienes son finalmente expulsados de la granja. relg

Sin embargo hay disputas entre Snowball y Napoleón por diversos asuntos: La defensa de la granja contra un ataque humano (responsabilidad que asume Snowball -o Trotsky-, con la organización del Ejército Rojo), la construcción de un molino que impulse la producción agrícola (la industrialización de la URSS), la distribución de tareas y planeamiento de actividades (los planes quinquenales). Cada elemento crea disputas entre los dos cerdos líderes (pero el autor cuida siempre que Snowball quede bien parado) hasta que finalmente, valiéndose de la violencia, Napoleón hace expulsar a Snowball de la granja y se queda con el control absoluto de la misma. Desde ese momento incluso se apodera de algunas de las ideas de Snowball tomándolas como suyas y culpa a todos los males de la granja a los partidarios del cerdo exiliado (los trotskistas).

De más está decir que el humano representa al zar y a la oligarquía rusa, quienes fueron asesinados o expulsados en su defecto. Y aparte de los cerdos, obviamente habían más animales en la granja. La Iglesia ortodoxa está representada por un cuervo, que al comienzo es expulsado por su alianza con los humanos, pero luego vuelve, aliándose con los cerdos, tal como hicieron los patriarcas ortodoxos con el gobierno de la URSS para evitar su extinción y conservar alguna cuota de poder. Hay un burro, lento e indiferente, que representa a los intelectuales, caballos, que representan al proletariado obrero (y que al final son traicionados), gallinas y ovejas, los animales más numerosos e ignorantes, que representan a la masa campesina de la URSS, y perros, que son los esbirros del régimen soviético. Incluso toca temas de política exterior soviética, mencionando dos granjas (o países). Uno es Alemania y el otro el mismo Reino Unido, y la cuestión polaca es representada como la venta de una pila de madera, que es vendida a los alemanes (a una de las granjas) y pagada con billetes falsos a los cerdos, quienes, dándose cuenta de su error, buscan la alianza con la otra granja (el Reino Unido).

Finalmente, como en toda revolución, los dirigentes terminan corrompiéndose y asumiendo las formas y los vicios del régimen que habían derrocado. Los cerdos beben whisky, duermen en camas y comen en vajilla de porcelana mientras los demás animales padecen necesidades que son olvidadas cuando recuerdan que ahora pueden sentirse orgullosos por ser libres. Al final del libro ya se hace imposible notar la diferencia entre los cerdos y los humanos, pero la ignorancia de los animales no les permite reaccionar ante la involución que sufrió la granja en manos (o patas) de los cerdos.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2009.


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