Posteado por: Diego Arbulú | febrero 5, 2009

Aguirre y el Atlético de Madrid

Tras la derrota liguera del pasado fin de semana en el Vicente Calderón ante el Valladolid por 1-2, Javier Aguirre fue despedido como director técnico del cuadro colchonero. En un mes la situación cambió radicalmente, pasaron de estar en posiciones de Champions e incluso por delante del Real Madrid en la clasificación, a quedarse fuera de la Uefa en un mes de enero negro que culminó finalmente con la salida del entrenador mexicano.

Sin embargo Javier Aguirre había cumplido con las metas trazadas por la directiva del cuadro madrileño. La temporada pasada clasificó al equipo a la Champions, superando la fase de grupos de la misma y clasificándose a octavos de final junto al Liverpool. Hacía ya doce años que el Atlético no jugaba la máxima competición continental de clubes de fútbol. Ahora, gracias al trabajo de Aguirre de la temporada pasada, dentro de tres semanas se enfrentará al Oporto, pero con un nuevo técnico en el banquillo, con las ventajas y desventajas que eso acarrea. 

Su objetivo para esta temporada más allá de avanzar todo lo posible en la Liga de Campeones, era clasificar entre los cuatro primeros equipos de Liga, es decir, volver a clasificar al Atlético a la Champions 2009-2010. Ha dejado al equipo séptimo en la tabla, a 5 puntos de su objetivo, faltando 54 puntos por disputarse. Ojalá que su reemplazante, Abel Resino, sepa dar la talla y logre cumplir la meta de comienzos de temporada.

Sin embargo, más allá de estar en la séptima plaza del campeonato y que el juego del equipo muchas veces sea desconcertante (a veces el equipo pareciera no saber a qué juega y esto es culpa del técnico por no trabajar la pizarra en los entrenamientos), no se le puede achacar toda la culpa a Aguirre. En la plantilla atlética hay jugadores malos, pero malos de verdad. Seitaridis, el lateral griego, es una sombra de aquél que ganó la Champions con el Porto y la Eurocopa con Grecia en el 2004. Es difícil defender peor, pero a veces el otro lateral, Pernía, lo supera. Comete penales absurdos y cualquier centrocampista normalito o extremo hace estragos por su banda cuando él defiende. Pablo pasó de ser el central titular de España a ser carne de banquillo todos los fines de semana, su bajón de juego es inexplicable. Maniche, el gran centrocampista del Porto, ganador de la Champions 2004 y finalista de la Eurocopa del mismo año, da una de cal y otra de arena. No sabemos si puede definirse como desiquilibrante o desiquilibrado, pero si está claro que no demuestra compromiso con el equipo y es indisciplinado. Assuncao, fichado a comienzos de temporada, no termina de asentarse como el centrocampista todoterreno que prometía ser a su llegada. Raúl García ha bajado su nivel. Heitinga ha resultado ser una sombra o una mala copia de aquél jugador que fue elegido como el mejor del campeonato holandés y cuesta creer que es el central titular de Holanda. Nunca llegó un centrocampista creativo, tan necesario en esta plantilla descompensada. Maxi Rodríguez se ve obligado a jugar por la banda porque no hay quien ocupe esa posición, bueno, si, Luis García, pero ese es otro clon barato de aquél jugador que deslumbró en el Liverpool ganando la Champions del 2005. Siempre que se habla de vender jugadores de la actual plantilla, su nombre encabeza todas las listas. Simao tira del carro y se esfuerza, pero no es suficiente. De lejos es, sin embargo, el jugador más regular del equipo. En la delantera tienen dinamita pura, pero tanto Agüero como Forlán han bajado su rendimiento y Sinama no puede competir con ninguno de los dos por un puesto como titular. Además, con el mediocampo fracturado, no hay quien surta de balones a los delanteros y los esfuerzos de estos se pierden en vano.

En conclusión, más allá del despido de Aguirre el Atlético necesita una reestructuración en su plantilla. Sacar los lastres del vestuario, a los Pernías y Seitaridis de turno y fichar jugadores contrastados. Si un equipo aspira de verdad ser habitual en la Champions y pelearle los campeonatos a los grandes, tiene que tener una plantilla profunda y de calidad demostrada. Necesitan un volante de creación desesperadamente, al igual que un par de laterales decentes. Esas tres son las posiciones más débiles del equipo. De no cambiar su política de fichajes, el despido de Aguirre no será sino un parche temporal que no sanará las heridas del Vicente Calderón y sus hinchas a orillas del Manzanares.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2009.


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