Posteado por: Diego Arbulú | enero 31, 2009

Reyes Amasifuen Tello y Malasia

En mayo de 2007, el connacional Reyes Amasifuen Tello, ahora de 30 años, viajó a Malasia portando en su estómago mil 114 gramos de cocaína en dediles. Llegó a Kuala Lumpur con el propósito de continuar su viaje hacia Singapur, supuesto destino final del cargamento que portaba (esto es especialmente importante, ya que podría significarle la diferencia entre la vida y la muerte).

Al llegar a la capital malaya se dirigió al centro de la misma con la intención de conocer las Torres Petronas mientras esperaba su siguiente vuelo. No sabía sin embargo que la policía había sido avisada de su llegada, posiblemente por un cártel rival o porque la mafia que contrató los servicios de Amasifuen Tello no pagó la tarifa, la comisión, la coima, la matraca, el soborno, a la seguramente eficiente y nada corrupta policía de Malasia.

Fue detenido entonces el connacional por las autoridades de aquél país sin saber seguramente que allá se castiga con la pena de muerte el tráfico de drogas y especialmente el de cocaína, ya que la posesión de más de 15 gramos de dicha sustancia te garantiza una cita con el patíbulo y la soga. Amasifuen Tello portaba en su cuerpo en aquél momento setenta y cuatro veces esa cantidad. Ya que no lo podían ejecutar 74 veces, pues lo juzgaron y condenaron a muerte una sola vez. Suficiente para morir, creo yo.

La condena fue conocida el día de ayer, luego de casi dos años en prisión (20 meses para ser exactos). Veinte meses en un país extraño, con un idioma distinto, sin la familia cerca, con amplias diferencias culturales. Ese es el precio por ser mula de la droga. Se conoce poco del protagonista de esta historia. Reyes Amasifuén Tello trabajaba como empleado en una cebichería de nombre “El Pejerrey” en la ciudad de Juanjuí. Posteriormente se enlistó en el ejército, luego de lo cual viajó a Lima, donde consiguió trabajo en una fábrica textil. Regresa después a Juanjuí para formar una pequeña empresa de motocars, para finalmente desaparecer por un tiempo, luego de lo cual aparece en Malasia, detenido por tráfico de drogas. 

Ahora nuestra embajada en Malasia está haciendo las diligencias correspondientes para anular la sentencia, con el respaldo de nuestra Cancillería. El argumento de la defensa se basa en que la fiscalía en ningún momento pudo probar que en efecto la droga que Amasifuen Tello transportaba en el estómago tenía a Malasia como destino. De lograr esto, la pena de muerte sería conmutada por cadena perpetua. Todo indica que el connacional no tuvo contacto con nadie a excepción de los funcionarios de inmigración, el personal de servicio de taxi y el conductor que lo llevó del aeropuerto hasta el centro de la capital donde fue capturado.

Pero hay un problema aún más grave: Otros cinco peruanos están esperando sentencia en Malasia por el mismo delito, diferentes historias pero con las mismas características, el narcotráfico. La condena a muerte del día de ayer de Amasifuen Tello sienta un mal precendente para los otros connacionales. Desde el momento de su captura y por orden de aparición, Isidro Leonardo Quito Cruz, Aroldo Girón Valencia, Quique Cenepo Insanillo, Ermógenes Pisco Ceopa y Víctor Urcuhuaranga Calderón son prisioneros en el país que promociona “las mejores vacaciones cortas” del Asia tras ser capturados portando cada uno, alrededor de un kilo de droga en el estómago.

Diversos motivos empujan a las personas a prestar su cuerpo para transportar droga por un pago que oscila entre 3 mil y 10 mil dólares. Son muchos los riesgos, desde caer preso en el extranjero, e incluso en un país cuya legislación estipule la pena de muerte como castigo a ese delito, hasta la ruptura de los dediles dentro del estómago, lo que provoca que la droga se libere y el resultado es una muerte terrible por sobredosis. 

Hace poco, en Malasia, se ejecutó a un par de australianos por el mismo delito. Y es que allá ejecutan a los narcomulas sin importar la nacionalidad. La ley malaya es bastante estricta. Lamentablemente no creo que se pueda hacer nada por la complejidad del caso, pero se debería buscar la forma de salvar a los otros 5 connacionales que están esperando juicio y condena.  Que casos como este se difundan en televisión y aeropuertos y sirvan para crear conciencia entre las personas con el fin de evitar que se repitan historias como las de Amasifuen Tello. En todo caso, suerte con la apelación, la va a necesitar para evitar la cita en el cadalso con la soga y el nudo detrás de la oreja.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2009.   


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