Posteado por: Diego Arbulú | noviembre 17, 2008

La relatividad de la belleza

Hace unos días se llevó a cabo en Francia un concurso para determinar a los mejores traseros del año 2008. La ganadora fue una mujer brasileña (dejando en alto el prestigio de su país), Melanie Nunes Fronckowiak, de 20 años, modelo de profesión, y que compitió con una veintena de “traseros” de otras modelos, especialmente europeas (alemanas, checas, búlgaras, italianas, etc.).

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¿Cuánto tiempo llevas hipnotizado viendo la imagen?

Además de la felicidad del triunfo, Nunes se llevó un cheque de 15 mil euros, un contrato de modelo para la empresa patrocinadora, un seguro para su trasero y un lote de productos de lencería, algo a lo que también tuvo derecho el ganador masculino. Si, también hubo un ganador masculino, pero como es mi blog, ni lo mencionaré, búsquenlo ustedes si están interesadas (o interesados…).

La verdad es que la imagen habla por si sola, es espectacular, pero me parece relativo un concurso que sirva solo para fijar la belleza de un trasero, culo o como se le quiera llamar. Creo que muchas veces eventos como este resultan contraproducentes para establecer una escala de valores de belleza. Estoy de acuerdo con que se cultive y fomente la salud y belleza del cuerpo, y no critico concursos como el Miss Universo aunque año tras año pierda parte de ese glamour que tenía años atrás y no sea ahora sino un evento mediático de baja monta y cada vez más mediocre. Pero de ahí a establecer parámetros para una premiación por la forma de un trasero…? Me atrevo a afirmar que las playas de Brasil están llenas de mujeres con traseros iguales o mejores que el de la chica en cuestión.

Y esa presión por un cuerpo perfecto (lo que por cierto, es una utopía) me lleva a comentar otra noticia acontecida esta semana: El caso de la coreana Hang Mioku, de 48 años, adicta a las cirugías plásticas desde hace ya más de 20 años, y que su adicción por lograr esa belleza utópica la llevó a cometer la barbaridad de inyectarse aceite de cocina en el rostro a falta de colágeno y de dinero para comprarlo. Así que no se le ocurrió mejor solución que inyectarse aceite de cocina, deformando terriblemente su rostro como se ve en la imagen y dependiendo ahora de la caridad de médicos que quieren operarla sin costo alguno y de la ayuda económica que le suministra su gobierno durante este penoso proceso.

Esto es lo que pasa cuando en lugar de freir papas, te lo inyectas en la cara

Esto es lo que pasa cuando en lugar de freír papas, te lo inyectas en la cara

Hay modelos y prostitutas que se han colocado incluso prótesis de senos y glúteos fabricadas con aceite de avión, con el riesgo que esto implica. Muchas han muerto por lo tóxico de sus componentes. ¿Alguien cometería esa barbaridad solo por emular a nuestra amiga Melanie?

En la serie de tv Nip/Tuck se plantea la idea de belleza como maldición. No creo que sea necesaria una visión tan extrema, pero casos como el de Mioku llevan a pensar que puede transformarse en una adicción con consecuencias que rayan lo trágico.

 

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2008.


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