Posteado por: Diego Arbulú | septiembre 28, 2008

Para mi amigo en su cumpleaños

Septiembre 2003. Nuevo semestre en la universidad. Nuevamente ver el curso de estadística. Esa era la quinta, si, LA QUINTA ocasión que inscribía el curso. Las cuatro anteriores no la había logrado aprobar. Desmotivado por los constantes fracasos, no asistía a clases, no estudiaba, no buscaba las guías y en más de una ocasión durante esos cuatro semestres previos había dejado de asistir a un examen. Era un lastre, un fracaso cíclico que en determinado momento me hizo considerar cambiar de carrera, con la fijación de que jamás aprobaría ese curso.

“¿No conoces a mi hermanito? Te lo voy a presentar, creo que está en tu misma clase”, me dijo Virginia Montilla por noviembre de 2003. No tenía ni idea de que tenía un hermano estudiando en la escuela, y mucho menos en mi misma clase. Con la carga que representaba para mi ese curso, no socializaba con nadie del salón, llegaba cuando la clase estaba por empezar, y me retiraba apenas la profesora se despedía.

Fue así como conocí a quien hoy en día es mi mejor amigo. El también estaba mal en estadística, pero era la primera vez que veía el curso. Jesús era, y sigue siendo, una persona reservada, así que cuando fue necesario formar grupo para realizar el trabajo final del curso (el 33% de la nota), entre su reserva y mis pocas ganas de socializar con aquél grupo, decidimos trabajar juntos. Apuesta arriesgada, sobre todo de su parte sabiendo mi historial de fracasos con la materia. Hoy, casi 5 años después, me sigo alegrando de que haya tomado esa arriesgada decisión. 

Recuerdo cuando fui a su casa por primera vez para estudiar para el segundo examen. Fui con Andreína Carrillo y Madelyn Abreu, que eran amigas de Virginia, la hermana de Jesús. Al ver el “entusiasmo” de los dos cuando nos sentamos en la mesa con las guías llenas de nauseabundos ejercicios, Andreína exclamó “tienen una cara de ladillados…!”. Pero estudiamos, poco a poco desarrollamos los ejercicios, que se iban presentando más desafiantes y amenazadores. Al final podíamos resolver los ejercicios del final de la guía, los más complicados, y nos sentíamos ya jóvenes Isaacs Newtons o eminencias de ese tipo. Recuerdo una en particular, el “Método de Kramer”, porque lo relaciono con el alocado personaje de “Seinfeld“.

¿Recuerdas cuando fuimos al INEI ya en enero a buscar información sobre la economía de Venezuela por estados? El INEI queda en la Cota Mil y fue toda una odisea llegar hasta allá, empezando porque con el poco tiempo que tenías en Caracas aún no conocías la ciudad del todo. Cuando nos subimos al taxi, el taxista, al verme con chaqueta, me preguntó si es que por casualidad yo iba armado. Jejeje, miserable… el que seguro iba armado era el malandro ese.

Al final presentamos el examen y lo aprobamos, y sacamos, si mal no recuerdo, 14 en el trabajo final. La cosa es que pese a todo no aprobamos la materia, jajaja. Después de tanto nadar, morimos en la orilla. Pero afortunadamente aprobamos el examen de recuperación (¿realmente lo aprobamos?) y pasamos la materia, los dos.

Ni con todas las palabras de este blog podría yo expresar la felicidad que sentí por sacarme ese peso de encima tras más de dos años arrastrándolo. Había decapitado a la hidra de siete cabezas que para mi era la estadística. Me gusta pensar que eso fue un punto de inflexión que me ayudó a madurar, a no rendirme ante los obstáculos y que me enseñó a dedicarme a la carrera en serio y ser mejor estudiante. Creo que así fue, porque más adelante mis compañeros decían “¿tú te imaginas que a Diego le quede una materia?”, y cuando les contaba la historia de estadística, quedaban boquiabiertos… “¿tú viste estadística cinco veces? mentira!”.

Tal vez esto pruebe que todo lo malo trae algo bueno. Ese período de la universidad que para mi representó en un determinado momento atraso y verguenza, y que me sembró de dudas con respecto a mi carrera, me trajo posteriormente muchas cosas buenas. Gané mucho dinero dando clases de historia a muchísima gente que conocería posteriormente. Me enamoré más de una vez. Reí y lloré con nuevos amigos. Pero creo yo que lo más valioso de esa experiencia pseudo-traumática llena de fórmulas y números fue ganar la amistad de Jesús. 5 años han pasado ya, y hay cosas que recuerdo como si hubiesen sido ayer.

En Maroma, el 28/07/2007

En Maroma, el 28/07/2007

¿A qué viene todo esto precisamente hoy? Pues que hoy, 28 de septiembre, es su cumpleaños, y por circunstancias de la vida ya no vivo en Caracas, por ende no podré siquiera felicitarlo en persona. Existe el messenger, las postales virtuales, el correo electrónico, el chat con cámara y voz, el Skype, el Facebook y las llamadas telefónicas, pero, y lo saben, no es lo mismo que estar allá para decir al menos un “feliz cumpleaños, mi pana”. Así que Jesús, tal vez hoy no esté allá, pero con esto va un deseo y un abrazo para que tengas un feliz cumpleaños. Este post es mi regalo. Seguro que había más de una cosa que no recordabas y se te refrescó la memoria. Ya habrá oportunidad de pasar 15’s de marzo o 28’s de septiembre juntos, estoy seguro de ello. De momento, como titula el cd de Soda Estéreo, te digo que tarde o temprano, Me Verás Volver.


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