Posteado por: Diego Arbulú | septiembre 14, 2008

El origen del Cabildo en el Perú y las Américas

Es sábado en la noche y estoy acá sentado frente a la laptop escribiendo sobre los cabildos… algo muy malo debo estar pagando, definitivamente…

Bueno, al grano. Los cabildos tienen su origen en la España previa a la Reconquista. En esa época los reinos españoles no estaban aún unificados y el sur de la Península estaba en manos de los moros (los musulmanes hispanos). Sin embargo, esos reinos españoles se mantenían en guerra constante contra sus vecinos islámicos del sur, de la Alhambra y Granada. En el contexto de estas luchas crean, en las zonas fronterizas, asambleas de ciudadanos que gestionaban la administración de los poblados a la par que los nobles. Así se originan los cabildos en la España aún feudal.

Cuando Fernando de Aragón e Isabel de Castilla se casan a finales del siglo XV la Reconquista cobra un nuevo impulso y finalmente la España unificada termina expulsando a los moros con la caída de Granada en 1492, que justamente es el mismo año del mentado descubrimiento de América. La administración se centraliza y el nuevo Estado unificado se fortalece.

Sin embargo, la herencia de los cabildos no desaparece sino que por el contrario, se fortalece. A la par que el poder centralizado se consolidaba en manos de los Reyes Católicos, cuestiones propias de la época (los dialectos que se hablaban en la España del siglo XV y XVI, la dificultad para desarrollar un sistema eficiente de comunicaciones y la resistencia local a ceder una cuota de poder a manos de los reyes de la España unificada, por ejemplo) colaboraron a que los cabildos se mantengan como instituciones políticas en muchos casos autónomas.

Cuando Carlos I de España y V del Sacro Imperio asume el trono español en 1516, se encuentra de frente con el problema de las comunidades y los cabildos. De por si el nuevo rey era rechazado, ya que se había criado en Flandes (actual Bélgica) y de hecho para el momento en el que asume el trono no hablaba castellano sino flamenco. Era visto como un rey extranjero impuesto por mero linaje de sangre, y el hecho de que podía en un futuro optar por la corona imperial de Alemania (tal y como en efecto hizo en 1521) no colaboraba precisamente con su reinado, pues en España se temía quedar a la sombra de Alemania en caso de que el monarca ostentara ambas coronas.

Terminó pasando lo inevitable: Las comunidades, en muchos casos azuzadas por los cabildos locales, terminaron alzándose, sin contar con el apoyo de los nobles, en muchas zonas del territorio español, por lo que Carlos I se vió en la obligación de movilizar a sus tercios y lasquenattes, para aplastarla y controlar el levantamiento, ejecutando a Padilla, el líder de los alzados, en 1521.

Vayamos ahora a América. Los conquistadores y aventureros españoles llegados a estas tierras eran en su gran mayoría de pequeñas aldeas y ciudades españolas (Francisco Pizarro, por ejemplo, era originario de Trujillo, al igual que Hernán Cortés). Habían crecido y vivido en un sistema social donde el cabildo, debido a las dificultades administrativas que mencioné anteriormente, gozaba de buena parte del poder en las localidades. Por lo tanto, al llegar a América, se puede decir que transplantaron el modelo de institución a nuestro continente.

En el particular caso peruano, la estructura del imperio incaico colapsó en 1532 en Cajamarca con la captura de Atahualpa. Los españoles implantaron un nuevo sistema político en los territorios conquistados, con Pizarro como gobernador nombrado por el rey Carlos I, fundando nuevas ciudades, introduciendo una nueva religión, costumbres, leyes, etc. En cada una de las ciudades que se iban fundando se creó un cabildo para la administración de la misma. Sus funciones iban desde administrar el suministro de agua de las ciudades hasta de vigilar el abastecimiento de los mercados y las tierras comunales conocidas como ejidos. El único requisito para ser miembro del cabildo era ser vecino de la ciudad (obviamente blanco, recuerden las limitaciones de la época).

Una muestra del poder del cabildo lo podemos encontrar tempranamente, en 1541. Pedro de Valdivia había sido comisionado por Francisco Pizarro para dirigirse al sur, a Chile, e iniciar la conquista de dicho territorio. Sin embargo, en la expedición empezó a circular el rumor de que Pizarro había sido asesinado en Lima, por lo cual la designación de Valdivia y la razón de ser de la expedición carecían de autoridad (de hecho Pizarro sería asesinado en 1541, pero para el momento de los hechos que estoy narrando aún se encontraba vivo). ¿Qué hicieron entonces los españoles en Chile? Pues conformaron un cabildo entre ellos mismos, donde reconocieron a Valdivia como gobernador de los nuevos territorios que estaban explorando, y siguieron su camino. La práctica era perfectamente legal, porque habían constituído una asamblea reglamentada políticamente y habían electo a Valdivia por votación legítima en la asamblea. A partir de ese momento y hasta su muerte en 1553, Valdivia fue gobernador de Chile.

Los cabildos, recordemos, son las semillas de los movimientos de la independencia. Esto se debió a su propia escencia, ya que, como dije antes, estaban formados por los habitantes de las ciudades, por lo que paulatinamente empezaron a ser instituciones controladas por los criollos nacidos ya en el nuevo mundo. Sus decisiones, al ser por votación, gozaban de validez. Llevaban ya dentro de si un espíritu de autonomía, si nos remontamos a su origen y a los conflictos desencadenados durante el reinado del primer monarca de la España unificada, Carlos I. Cabildos como los de Buenos Aires y Caracas en la América meridional se atrevieron a dar un paso al frente tras la invasión napoleónica a España en 1808, declarando nuestra independencia y sacudiendo el yugo colonial tras 300 años de dominio de la metrópoli. Al implantar España el cabildo en las Américas, traía, sin querer, la base jurídica y política que permitiría la independencia tres siglos después.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2008.


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