Posteado por: Diego Arbulú | agosto 14, 2008

La diplomacia de Crimea

La Guerra de Crimea fue un conflicto que protagonizaron, por una parte, Inglaterra, Francia y Turquía, y Rusia en el otro bando. Se desarrolló de 1854 a 1856, principalmente en la zona de Crimea y el Mar Negro, posterior al marco de las revoluciones liberales que experimentó Europa en 1848 y que ya fueron tratadas en un post anterior. Es la ruptura definitiva del sistema originado en el Congreso de Viena de 1815, porque rompe la alianza entre rusos, ingleses y franceses. Además, debilita el poder de San Petesburgo, paladín de las luchas antirevolucionarias en el escenario europeo.

Tanto para Inglaterra como para Francia la intervención en Turquía resultaba provechosa en términos económicos. Primero por el posible reparto territorial que se podría hacer a expensas del Imperio Otomano y por las dependencias que podían crearle al gobierno del Sultán de préstamos de capital anglo-francés. El gobierno del Zar Nicolás I, por otra parte, quería aprovechar la debilidad turca para consolidar su posición en el Mar Negro, el Cáucaso, los Balcanes (especialmente en Valaquia y Moldavia) e incluso para una posible ocupación de Constantinopla (la actual Estambul), esgrimiendo para ello razones de carácter religioso, pues se consideraba protector tanto de los cristianos ortodoxos como de los Santos Lugares ubicados en tierras otomanas. Surgen entonces roces con Napoleón III, Emperador de los franceses, puesto que Francia se adjudicaba la protección de los Santos Lugares y la protección así mismo de los habitantes católicos del Imperio Otomano. Esto como mera excusa, ya que el objetivo primordial era evitar que Rusia se consolidara en la zona y que su poder se incrementara considerablemente a expensas de la debilidad turca. Con este panorama ya establecido, las potencias se van a la guerra en 1854.

Mapa de la Peninsula de Crimea y el Mar Negro

Mapa de la Península de Crimea y el Mar Negro

En este conflicto se apreciarán también las diferencias sociales presentes en los estados beligerantes. Los sistemas inglés y francés, aunque monarquías, estaban impregnados de influencia burguesa, aún más si tomamos en cuenta que para aquél momento habían pasado unos pocos años desde las revoluciones liberales europeas de 1848. Y aún más en el caso inglés, que cuenta con un Parlamento. Por otra parte tenemos a la Rusia zarista, verdadero sistema autocrático, donde el Zar concentraba todos los poderes y dirigía personalmente la política exterior –cometiendo a menudo errores garrafales. Estas diferencias serán cruciales durante el desarrollo de la guerra de Crimea a nivel diplomático. Los embajadores rusos temían expresarse libremente ante el zar y solo informaban lo que este quería oír. En una ocasión, el Barón Andrei Rozen intentó persuadir al príncipe Lieven (quien era el embajador ruso en Londres) para abrirle los ojos al Zar, y Lieven contestó “¿Qué yo diga eso al Emperador? No soy un imbécil. Si quisiera decirle la verdad, me echaría sin mayores consecuencias”. Tanto los embajadores rusos como el Canciller Nesselrode deformaban la verdadera situación en sus informes, con las terribles consecuencias que esto suponía para los intereses de Rusia. Y a nivel militar la situación era similar, con un ejército ruso radicalmente jerarquizado donde se plasmaba la realidad social, ya que los que servían en sus filas eran prácticamente esclavos. Con la derrota en la guerra de Crimea tras dos años de lucha, Rusia se vio obligada a devolver Kars (tomada durante la guerra en 1855), aceptar la neutralidad del Mar Negro y ceder parte de Besarabia (actual Moldavia y Ucrania). También aceptó sin objeción alguna el cese del protectorado exclusivo de los rusos sobre Valaquia, Moldavia y Serbia. Ingleses y franceses ocuparon Turquía temporalmente, y empezaron a subsidiar con préstamos al Sultán para que se recuperara de los percances del conflicto, empezando así el sometimiento turco al capital inglés y francés. Nicolás I pensó que una victoria en Crimea contribuiría a robustecer el régimen autocrático apoyado por los terratenientes en Rusia, pero no comprendió todo el atraso en el que se había sumido Rusia en el aspecto técnico y económico. Las burguesías anglo-francesas fueron las ganadoras de Crimea, económica y políticamente. En palabras de José Stalin, “desde la derrota de Rusia en Crimea… empezó a caer considerablemente el papel… del zarismo en la política exterior de Europa…”.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2008.


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