Posteado por: Diego Arbulú | agosto 10, 2008

La influencia europea en la integración americana

El proceso que hoy conocemos como integración europea ha evolucionado y avanzado por una serie de etapas que lo hacen único y por lo tanto irrepetible, más aún tomando en consideración la posible aplicación –de dicho modelo- en nuestro continente. Durante finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, las economías de las potencias mundiales, y específicamente las europeas, funcionaban a través de monopolios de marcado carácter nacionalista, es decir, poseían rasgos que los hacían identificables con sus respectivas identidades nacionales. Así, tenemos monopolios estadounidenses, italianos, franceses, ingleses, etc., que competían entre ellos por penetrar en los mercados mundiales con sus productos.

Antes y durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918 ) se aprecia la influencia cada vez mayor de estos monopolios y la creciente competencia entre ellos por los mercados alrededor del mundo. Pero la guerra finaliza con un armisticio y quedan pendientes asuntos de carácter económico que no son resueltos por los gobiernos litigantes. Estos temas sólo serán solventados al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tras esta guerra, el continente europeo queda devastado. Francia, Alemania, Austria, el Reino Unido, Italia Países Bajos y Bélgica, por mencionar solo algunos, pierden la mayor parte de su capacidad industrial debido a los percances de la guerra y los constantes bombardeos a los que se ven sometidos. Esto solo por mencionar los países de Europa Occidental, ya que en la Europa Oriental el efecto de la guerra fue igual o peor (Polonia, Hungría, Rumania, y la URSS, que no solo se vio afectada en cuanto a su aparato industrial, sino que perdió 20 millones de habitantes durante el conflicto).

Mientras tanto, los Estados Unidos, que entraron al conflicto a finales de 1941, emergieron como superpotencia mundial, desde el aspecto militar (con el desarrollo de la bomba atómica) hasta el aspecto económico (para 1945, poseía las tres cuartas partes de las reservas mundiales de oro). El problema al que ahora se enfrentaban los Estados Unidos tenía que ver con la probable penetración del sistema socialista impulsado por la Unión Soviética en la Europa Occidental. Ya los soviéticos, al liberar a la Europa Oriental, se habían hecho con el control político de dichos países, creando una serie de estados satélites con gobiernos dependientes del régimen de Moscú y con sistemas económicos de corte socialista. El miedo de los estadounidenses era que dicha política del gobierno de la URSS se propagara por toda Europa aprovechando el hecho de que esta debía ser completamente reconstruida. Para evitar esto, los Estados Unidos crean el “Plan Marshall”, que consistió en una serie de financiamientos y ayudas económicas a los países de Europa Occidental con el fin de que inicien la reconstrucción de sus parques industriales y sus economías y de esta manera evitar la llegada del socialismo al occidente de Europa. Hay que considerar que, tras un conflicto bélico de tal escala y de tanta duración, la tecnología experimentó un repunte y un desarrollo nunca antes visto, se perfeccionó y aumentó la capacidad industrial, y al momento de reconstruir Europa, estas mejoras se implantaron en los países beneficiados con el Plan Marshall, ya que estas nuevas tecnologías fueron desarrolladas principalmente en los Estados Unidos.

Pero mientras todo esto ocurría, el sistema económico de Europa también cambió, es decir, la competencia entre los monopolios nacionales se vio desplazada por una búsqueda de entendimiento y armonía entre todas las partes. Claro está, en la situación en la que se encontraban ya no había posibilidad de competir tal y como lo hacían en 1900. Por lo tanto el esquema cambia, y ya no se apreciará competencia entre naciones.

La reconstrucción física de Europa Occidental tarda aproximadamente unos diez años, en los cuales el capital proveniente de las ayudas de los Estados Unidos y el capital proveniente de la misma Europa se invierten únicamente a nivel interno en reconstrucción y reestructuración. Pero ya para finales de la década de 1950, con la mayor parte del trabajo hecho, dichos capitales empiezan a buscar nuevos mercados y nuevas zonas de influencia. Este proceso posteriormente dará como resultado la consolidación de la Unión Europea, ya no se trata de competir entre estados sino de establecer políticas orientadas al bienestar común de los países europeos. Aparte, el proceso también se consolida tras el desmembramiento de los imperios coloniales que tenían las potencias europeas, el cual se da al finalizar la guerra (el caso más significativo sería el de la independencia de la India en 1947, donde el Reino Unido pierde a su mayor proveedor de materias primas para su industria). El problema radica en que este sistema de integración nacido con la guerra empieza a querer ser implantado en América, y obviamente las realidades políticas, sociales, culturales y económicas de la Europa de 1945 no son iguales a la América de 1960 y menos a la del 2006. No hace falta realizar un análisis profundo para notar el efecto condicionante de la Segunda Guerra Mundial en la integración europea.

El primer paso en América para la formación de un modelo de integración se da en 1960 con la creación de la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) mediante el Tratado de Montevideo, el cual contiene también cláusulas que hablan sobre la articulación de los aparatos productivos y el respeto a la soberanía de los pueblos). Posteriormente se crearán organismos de integración subregional, como el Pacto Andino (Acuerdo de Cartagena, 1969), o el CARICOM en el área del Caribe, los cuales se van a agrupar en la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), creada en 1980 en sustitución de ALALC y que va a pasar a englobar todos los organismos de integración económica subregionales, hasta llegar al año 1994 cuando se propone la creación del ALCA (Área de Libre Comercio Americana) y la constitución de una única comunidad.

Nuevamente hay que entender que el modelo de integración europea se dio en un marco excepcional (la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias) y que la asistencia económica que disfrutó no fue para desarrollar su economía ni alcanzar determinados niveles de desarrollo, sino para reconstruir literalmente las ciudades y las vidas de sus habitantes que en muchos casos no solo no tenían acceso a servicios públicos, por ejemplo, sino que dichos servicios simplemente habían dejado de existir. Por lo tanto, pensar que un modelo de integración de similares características pudiera ser aplicado con 50 años de diferencia y en una realidad tan diferente como la americana del siglo XXI es una utopía. La integración americana debe seguir su propio camino acorde a su identidad y buscando la satisfacción de sus necesidades.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2008.


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