Posteado por: Diego Arbulú | julio 30, 2008

Congreso de Viena y el despertar del nacionalismo

En 1815, cuando cae el Imperio Francés de Napoleón, se convocó el Congreso de Viena para reestructurar a Europa territorial y políticamente. Las 5 grandes potencias europeas -Inglaterra, Austria, Rusia, Prusia y Francia, que ha pesar de ser la vencida seguía manteniendo su importancia- se comprometieron a restablecer el modelo absolutista como sistema de gobierno en Europa. Y rusos, prusianos y austriacos fueron aún más allá, con la conformación de la Santa Alianza en septiembre de 1815, con el propósito de luchar contra cualquier revolución liberal en cualquier parte del mundo.

El Congreso de Viena - 1815

El Congreso de Viena - 1815

En Viena se acuerda la conformación de la Confederación Germánica, bajo la influencia de los Habsburgos. Esta nueva y monstruosa entidad político-territorial no hacía sino contribuir aún más al fraccionamiento feudal de los estados alemanes. También se acordó la creación de un reino en Polonia, de forma arbitraria, que sería gobernado por el zar de Rusia. Estas medidas contribuirían al estallido de movimientos sociales y nacionalistas en dichas zonas.

El primer problema serio que iba a enfrentar el sistema de 1815 sería el de Grecia. Los griegos, súbditos del sultán otomano, se alzaron en contra de este, sufriendo terribles represalias. El zar se sentía identificado con los griegos por la religión (ortodoxa) y quería aprovechar la situación para debilitar a su rival, el Imperio Otomano, y consolidar su influencia en el sur de los Balcanes y el Mar Negro. Pero su indecisión al momento de actuar facilitó que Inglaterra sacara provecho. La política exterior inglesa se concentraba en buscar sacar provecho de la situación, y decide reconocer a los griegos como beligerantes para posteriormente consolidar su propia influencia en la región, no solo en los Balcanes, sino en la entrada del Estrecho de los Dardanelos, lo cual era particularmente conveniente al ser Inglaterra una potencia naval. Pero rusos e ingleses llegan a un entendimiento y asumen una postura en conjunto con respecto al problema griego (el Protocolo de San Petersburgo de 1826) para que Grecia forme un gobierno autónomo bajo vasallaje del sultán. Francia se plegaría a esta postura en 1827 (mediante el Convenio de Londres). Por supuesto el sultán no quería oír nada referente a la autonomía de los griegos, y los tres gobiernos deciden entonces enviar sus escuadras a enfrentarse con los turcos, destruyendo su flota (combate de Navarino, 1827). Posteriormente rusos y turcos se van a la guerra, entre 1827 y 1829, la cual finalizará con la paz de Adrianópolis de 1829 y la independencia griega. Rusia sacó grandes ventajas del conflicto, territorialmente (Islas del delta del Danubio) y comerciales (derecho de paso de naves mercantes por el Estrecho del Bósforo).

Al año siguiente estalla la revolución polaca de 1830, con el fin de crear una república independiente y desprenderse del gobierno del zar. Pero sus aspiraciones expansionistas (anexión de Lituania, Bielorrusia y Ucrania) y el hecho de que su formación rompía con el sistema de 1815, impidió que consiguiera apoyo de las potencias occidentales signatarias de Viena. Varsovia capituló en 1831 y se restableció el status acordado en 1815. En esta misma época los belgas se alzaron contra el gobierno holandés y las potencias europeas volvieron a intervenir. Se temía que Francia aprovechara la situación y se apoderara de Bélgica. Pero finalmente los belgas se independizan y Leopoldo I es coronado rey con el beneplácito de las potencias (Protocolo de Londres, 1831).

El régimen francés colapsó en 1830 cuando Carlos X abolió la constitución. El pueblo se volcó a las calles contra el rey, y esta revolución, liderada por la burguesía, coronó como rey a Luis Felipe I. Rusia mostró hostilidad al régimen de Luis Felipe por la forma como llegó al trono, mientras que Inglaterra no tuvo problema en reconocerlo. Viena y Berlín actuaron con indiferencia ante la nueva situación política francesa. Esto obligó al zar a terminar por reconocer a Luis Felipe.

Ya para 1848 los acuerdos del Congreso de Viena se habían hecho inaceptables para diversos movimientos nacionalistas europeos. Esto debido al desarrollo del sistema capitalista en Europa. La burguesía se avocaba cada vez más a la búsqueda de representatividad política que favoreciera a su vez el desarrollo económico. En Alemania e Italia, el problema radicaba en la lucha por la unificación y la autodeterminación. La burguesía se enfrentó a los gobiernos y a las clases reaccionarias. Posteriormente, cuando las masas populares se integraron al movimiento, la burguesía vaciló y debido a ello las revoluciones de 1848 – 1849, fracasaron.

Sin embargo, la revolución de febrero de 1848 en Francia derrocó a Luis Felipe y estableció la República. De inmediato recibieron solicitud de ayuda de los polacos, alemanes e italianos, que luchaban por sus propias reivindicaciones. Pero el nuevo gobierno francés, temeroso de las reacciones de las potencias en su contra si empezaba a colaborar con los movimientos revolucionarios, se abstuvo de actuar. Todo esto con el fin de apaciguar a los gobiernos monárquicos, que podían actuar contra Francia si consideraban que el nuevo gobierno francés rompía el sistema establecido en 1815.

En Prusia la revolución estalló también en 1848 para acabar con el absolutismo de Federico Guillermo IV, a su vez que en Alemania estallaba para zafarse del dominio austriaco y unificarse con la idea de buscar el protectorado prusiano posteriormente. Ambos movimientos van en contra de lo establecido en 1815. En similar situación se hallan polacos y húngaros, unos enfrentados nuevamente con los rusos, los otros con los austriacos. Ninguno de ellos obtuvo apoyo de las monarquías occidentales y terminaron por ser aplastados. Los austriacos de hecho necesitaron la ayuda del zar para suprimir a los húngaros. Rusia no quería que el imperio austriaco se debilitara, pues lo consideraba un aliado en contra del liberalismo. Si este triunfaba en Austria, amenazaría a la misma Rusia. Y el triunfo de la revolución en Alemania enfrentaría a prusianos y austriacos por la hegemonía en la zona. El zar temía que una guerra entre ambos debilitara a sus monarquías, impulsando el liberalismo en Austria y Prusia, debilitando al absolutismo y acabando a su vez con el sistema establecido en 1815.  

Barricada en Paris - 1848

Barricada en París - 1848

El sistema creado en Viena y mantenido por hombres como Metternich y el zar Alejandro I resultó ser igual de efímero que el Imperio Napoleónico que pretendió reemplazar. No se adaptó a la nueva realidad política que se estableció en Europa tras las guerras napoleonicas. Hizo caso omiso de los deseos de autonomía y libertad de naciones que se sentían como tales en medio de los conflictos entre los grandes actores de la época. Mientras los imperios buscaban expansión y consolidación, millones de europeos ansiaban la libertad y asimilaban el patriotismo como un nuevo elemento político que pasaba a ser factor y valor común entre los ciudadanos. Lo que no pudo lograr el Congreso de 1815 se terminó alcanzando en las calles de París, Viena y Varsovia en movimientos donde la bayoneta reemplazó a la pluma y la sangre a la tinta.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2008.


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