Posteado por: Diego Arbulú | julio 20, 2008

Algunos apuntes sobre la conquista del Perú I

El año 1532 marca el inicio del proceso de conquista del Perú por parte de Francisco Pizarro y sus huestes. Ya los españoles, encabezados por el propio Pizarro, habían llegado a las costas peruanas en viajes de exploración previos, pero es en 1532 cuando llegan con la intención de conquistar el territorio, sin tener aún claro el tamaño del mismo, la población o el poder de los ejércitos del Inca.

Los viajes de exploración previos, aunque breves, si sirvieron para notar la inmensa riqueza del reino que estaban por conquistar. Los españoles, ávidos por los metales preciosos, obviaron en su empresa asuntos tan importantes como la logística o la abismal diferencia numérica entre ellos y los naturales del Imperio. Se calcula que unos 250 españoles, un centenar de caballos y unos cuantos esclavos negros e indios nicaraguas llegaron al Perú en 1532 para tomar el territorio en nombre de Su Majestad Carlos V. Mientras, los cronistas españoles y estudios posteriores cifran en 12 millones los habitantes del Imperio de los Incas para ese mismo año. Pero los viajes de exploración que mencioné anteriormente, realizados antes de 1532, sirvieron para conocer de primera mano dos elementos que a la postre serían fundamentales para el éxito de los conquistadores europeos.

Para empezar, el Imperio, como tal, estaba integrado por varias naciones, tribus y pueblos sometidos al dominio político y religioso de los Incas. No cultural, porque estos se encargaron siempre de respetar la cultura de los pueblos subyugados, pero el aspecto político y religioso no fue tomado en consideración por la nobleza gobernante en el Cusco. Prueba de ello es la implementación del Apo Suyuyuc como gobernador en las zonas conquistadas, un funcionario dirigido directamente por el Inca, la práctica de los mitimaes, que era el desplazamiento de familias y comunidades enteras para homogeneizar la población del Imperio, los ayllus, que regulaban el funcionamiento y la producción de los grupos familiares, y el culto obligatorio al Sol como máxima deidad religiosa. Ese dominio forzoso al que estaban sujetos tantos pueblos y señoríos fue explotado por Pizarro a su llegada a nuestras costas. Prometió liberar a los pueblos del yugo opresor del Inca, restaurando sus libertades, derechos y costumbres, siendo los españoles entonces vistos como divinidades en un comienzo, y los curacas y jefes tribales de esos pueblos se plegaron con sus respectivos guerreros a la fuerza conquistadora que ya avanzaba por el territorio nacional tras desembarcar en Tumbes. No tuvieron reparo en suministrar tampoco alimentos, cargueros, mujeres, vestido y servir como guías y traductores, resolviendo así de manera casi milagrosa los problemas derivados de la logística, puesto que era imposible en aquella época tener una línea de suministros desde las costas peruanas hasta Panamá, que fue el punto de partida de la expedición española.

El otro elemento que vino a jugar a favor de los conquistadores fue la guerra civil que asolaba al Imperio tras la muerte del Inca Huayna Cápac en 1528. La extensión territorial del Imperio hizo que se crearan dos centros de poder, uno en el Cusco, capital tradicional y núcleo original del Imperio, y otro en el eje Tumibamba (Cuenca)-Quito, desde donde gobernó Huayna Cápac. A la muerte del Inca entonces ambos bandos proclamaron a un Inca de su parcialidad, aunque se presume que el heredero designado era Huáscar, el Inca coronado por la nobleza cusqueña. Los norteños, por su parte, proclamaron como Inca a Atahualpa, hijo predilecto de Huayna Cápac y gran favorito de los generales del ejército incaico por su don natural de mando y personalidad.

Esto desató una guerra civil entre los dos bandos. El cusqueño, deseoso de recuperar su sitial de honor implícito como capital imperial, al igual que un mayor protagonismo político por parte de su nobleza, y el quiteño, que buscaba mantener la estatus que se adquirió con el reinado de Huayna Cápac y que la situaba como nuevo núcleo del poder imperial. La guerra civil diezmó a los ejércitos de ambos bandos, pero la mayor experiencia de las tropas norteñas y la habilidad de los generales quiteñistas declinó la balanza a favor de este bando tras cuatro años de guerra, en 1532, coincidiendo con el desembarco de los españoles en Tumbes…

En resumidas cuentas, llegaron los españoles en tan corto número, pero en una coyuntura histórica posiblemente irrepetible, con los pueblos de la costa desesperados por sacudirse el yugo de Atahualpa, vencedor de la guerra civil y nuevo Inca, facilitando el avance de Pizarro y su mesnada, con las tropas del Inca debilitadas, dedicadas a sofocar los últimos focos de fidelidad a Huáscar y aplastando levantamientos en los Andes, como el de los huancas. De hecho, aunque el Inca manejaba ya informes sobre la presencia de los barbudos en las costas y su avance hacia el interior del país, nunca los consideró una amenaza, al tratarse de tan pocos hombres y caballos -los cuales eran comparados con las llamas por los espías atahualpistas- creyéndo poder capturarlos o asesinarlos en los difíciles caminos de los Andes. Nunca tomó en consideración que diariamente se sumaban hombres de las diversas parcialidades sujetas al dominio de los Incas, y el subestimar esto y la voluntad de los conquistadores, cometió un grave error que le costaría su posterior captura (y posteriormente su vida) ese mismo año, 1532, en Cajamarca.

https://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos Reservados 2008.


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