Posteado por: Diego Arbulú | febrero 25, 2010

Venezuela, nuevos organismos regionales, ALBA y Petrocaribe

Me parece evidente que Venezuela es el principal interesado en la creación de un nuevo organismo regional por una serie de motivos que expondré en este artículo. Para empezar, Venezuela controla aunque sea de forma parcial o indirecta buena parte de las directrices de política exterior de varios países latinoamericanos, específicamente los agrupados en el ALBA. Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba siguen los lineamientos de Caracas y comparten una serie de posturas en común. El caso más evidente de esta coordinación en política exterior lo constituye el no reconocimiento del nuevo gobierno hondureño de Porfirio Lobo, pese a que es el resultado de un proceso democrático que estaba ya pautado para la fecha en el que se llevó a cabo. ¿Podría Raúl Castro decir que llegó al poder por una vía similar, es decir, por consulta popular?

Segundo, en los últimos procesos electorales en la región se ha evidenciado un avance de sectores políticos que se ubican a la derecha de sus antecesores. En Chile, el triunfo de Piñera pone fin a dos décadas de gobierno de la Concertación, de tendencia centroizquierdista. En Costa Rica Chinchilla acaba de ganar las elecciones presidenciales mostrando un perfil más conservador que Oscar Arias, y en Honduras Porfirio Lobo es evidentemente un mejor aliado para los Estados Unidos que lo que representó Zelaya durante el tiempo que ejerció la presidencia. Este año habrá también procesos electorales, el más importante de todos es el de Brasil, donde parece que el oficialismo perderá en manos de lo que se podría denominar la derecha brasileña, o al menos esto es lo que de momento señalan las encuestas. Se trata de un proceso similar al que se vivió en Chile, donde Bachelet, pese a sus altos índices de popularidad, no pudo transmitir ese carisma a su candidato oficial y la población se decidió por el cambio pese a los evidentes resultados positivos de la Concertación.

Este “giro a la derecha” resta potenciales aliados al chavismo en la región. La época de ascenso al poder de “movimientos progresistas” en Latinoamérica parece estar finalizando. Incluso Pepe Mujica en Uruguay y Lugo en Paraguay, pese a considerarse de izquierda, han decidido asumir posturas moderadas distantes del radical modelo propuesto desde Caracas. El gobierno argentino, pese a sus estrechos vínculos con Venezuela, tiene demasiados problemas de índole interno marcados por la impopularidad de Kirchner y no es un aliado muy efectivo por la importante oposición política que enfrenta el Justicialismo en la Argentina.

Además, un organismo multilateral que cuente con la presencia de Estados Unidos significará el fracaso constante de las propuestas de Venezuela. No por las propuestas en si, sino porque es evidente el peso político del gobierno estadounidense en la región, que es capaz de entorpecer toda iniciativa venezolana en las Américas mediante presiones directas o indirectas hacia los demás países miembros. Por diversas razones los miembros de la OEA en su mayoría necesitan llevar una buena relación con Washington y una de las formas de consolidar ese vínculo es asumiendo una postura acorde con la Casa Blanca. Ya Venezuela ha probado el funcionamiento de este sistema cuando buscó optar a un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el 2007. Está claro que uno de los motivos del fracaso de esta iniciativa fue las presiones que ejerció Estados Unidos al momento de realizar las votaciones.

En cambio, en una organización americana que no cuente con el peso político de Washington resultaría más fácil para Venezuela buscar ejercer una hegemonía regional aplicando los convenios, tratados y acuerdos que ha consolidado en los últimos años. No es complicado imaginar que en una eventual votación para determinada política o decisión, Venezuela controlaría los votos del ALBA más los de muchos de los países que forman Petrocaribe, la asociación creada por Venezuela estratégicamente en el Caribe (que es una zona de influencia tradicional de Venezuela, más allá del gobierno de Chávez) para la venta de petróleo a precio preferencial. Sería un terreno propicio para hacer valer el peso del petróleo, de los acuerdos defensivos, y de la identificación ideológica con sus aliados más cercanos sin la presencia incómoda de Estados Unidos.

Así, Venezuela, que tanto critica la hegemonía de los “gringos”, el colonialismo en pleno siglo XXI, y que aboga por una América libre de la influencia política de la Casa Blanca se prepararía para ejercer un dominio basado en la ideología de un modelo político y económico y en el poder de los petrodólares, los acuerdos energéticos y el barril de petróleo, claro está, manteniendo el discurso permanente y gastado de lucha contra el imperialismo yankee. Sería la formalización en conjunto de los acuerdos que ha alcanzado Venezuela de forma bilateral para imponer una postura política mediante el voto coordinado del bloque de países que, de una u otra forma, controla. La región no necesita un cambio nominal sobre quién posee la hegemonía, sino la construcción de un espacio de diálogo multilateral y efectivo que mejore los métodos de solución de la OEA (que quedaron por el piso tras el fracaso de su gestión en Honduras y la aplicación de la mediocre Carta Democrática Interamericana, que presenta fallas de grueso calibre) para alcanzar una integración que supere barreras ideológicas y respete la multiplicidad de modelos políticos que hay en el continente.

http://diegoarbulu.wordpress.com. Derechos reservados 2009.

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